Rebelión autonómica contra el acuerdo adoptado sobre el Cupo
El acuerdo entre el Gobierno y el PNV sobre el Cupo que sustentó el apoyo de los nacionalistas a los Presupuestos despertó un sentimiento de agravio comparativo entre las comunidades autónomas. El enfado no distinguió colores políticos, aunque las gobernadas por los populares se mostraron más mesuradas. Entre los partidos, sin embargo, se impuso el silencio, y sólo Podemos se quejó de que el acuerdo presupuestario se haya limitado a la «compra de voluntades» de los nacionalistas vascos.
Las quejas fueron comunes, aunque su expresión fue diferente. Los presidentes socialistas no ahorraron críticas a «la discriminación» que, a su juicio, supone el sistema del Cupo y las consecuencias que tiene para el resto de los territorios. Los gobernantes populares, por aquello de que Mariano Rajoy suscribió el pacto, modularon sus protestas y las limitaron más a las formas que al fondo.
El aragonés Javier Lambán fue el más crítico con el acuerdo que obliga a Hacienda a devolver 1.400 millones de euros al Gobierno vasco y rebaja el Cupo que el Ejecutivo de Iñigo Urkullu debe pagar este año a 956 millones, en vez de los 1.200 que Hacienda incluyó en los Presupuestos.
El único presidente autonómico del PP que terció en el debate fue el gallego Alberto Núñez Feijóo, pero fue para reclamar «transparencia» en la explicación del acuerdo, no para ponerlo en cuestión.
Entre los dos grandes partidos, en cambio, las protestas fueron testimoniales. Para Podemos y Ciudadanos la situación fue embarazosa.