Diario de León

El aburrimiento general se combatió con el móvil, el periódico o incluso un libro

Muchos parlamentarios se centraron en el teléfono y algunos apenas levantaron la vista del mismo .

Los diputados y la tribuna de invitados en la sesión de ayer. JUAN CARLOS HIDALGO

Los diputados y la tribuna de invitados en la sesión de ayer. JUAN CARLOS HIDALGO

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alicia lópez | madrid

Bostezos en todas las bancadas y mucho aburrimiento es lo que se apoderó del hemiciclo mientras se debatía la tercera moción de censura de la democracia, un debate al que los diputados sobrevivieron a golpe de teléfono móvil, aunque hay quien llegó a desplegar el periódico o incluso un libro.

Y no uno sino dos textos se trajo el ministro de Cultura y portavoz del Gobierno, Íñigo Méndez de Vigo, para pasar el larguísimo día: Cervantes y el trasfondo jurídico de El Quijote , de Luis María Cazorla, y Tenemos que hablar de muchas cosas , de Miguel Hernández.

Muy previsor fue el ministro mientras que otros, como los diputados Jesús Posada, del PP, y Jordi Xuclà, del Pdecat, tuvieron que leerse hasta los anuncios por palabras para estirar el periódico hasta el final.

Los que se volcaron en el móvil fueron la gran mayoría de los parlamentarios y algunos apenas levantaron la vista de su teléfono, como Íñigo Errejón, que casi ni lo hizo cuando hablaban los suyos -Irene Montero y Pablo Iglesias- para defender la moción contra Mariano Rajoy.

Tranquilidad

Al contrario que en otras sesiones parlamentarias, las bancadas estuvieron muy contenidas, aplaudiendo cuando tocaba, en pie si había que remarcar la actuación de Iglesias o Rajoy y algún que otro descalificativo de guión.

Eso sí, poco o nada se vio aplaudir a ERC, Bildu y Compromís, los únicos apoyos con los que cuenta Podemos en esta aventura.

Las cinco horas largas que hablaron Montero e Iglesias para defender su moción, siguiendo la «escuela de Maduro y Fidel Castro», como apuntó Ana Oramas, dieron lugar a todo tipo de bromas, sobre todo a través de las redes sociales, en lo que entró también el PP.

Si a primera hora el PP creaba la etiqueta #ÍñigoVuelve en su cuenta oficial de Twitter, en referencia al ex número dos de Podemos, después la cambiaron a #IreneVuelve.

Mientras, como el hambre acuciaba porque iban dando «las dos, las tres y las cuatro...» y no se producía el esperado receso para comer, finalmente un ujier trajo un sobre con alguna clase de tentempié -quizá unos frutos secos o unas ‘chuches’- del que fueron picando Rajoy y la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, hasta que la presidenta de la Cámara interrumpió el debate cerca de las cinco de la tarde.

Ocho horas ininterrumpidas de sesión que a Rajoy le parecieron más que suficientes como para tener que hacer en el descanso una valoración de su discurso a petición de los periodistas: «¡Hombre, llevo ocho horas!», exclamó.

Porque ya desde su penúltima intervención, el presidente del Gobierno esperaba que se parara la sesión, un deseo que gesticuló ante la presidenta del Congreso, Ana Pastor.

Ella, a su vez y también por gestos, dio al traste con sus esperanzas al hacerle ver que aún quedaba el turno de Iglesias.

Invitados

Entretanto, el sopor fue haciendo igualmente mella en la tribuna de invitados que, en todo caso, no consiguió llenarse en ningún momento aunque la mayoría de los que allí se sentaron eran dirigentes o seguidores de Podemos, incluida la madre del «presidenciable», Luisa Turrión.

Como recordó Irene Montero, decían unos versos de Machado: «Ya hay un español que quiere vivir y a vivir empieza, entre una España que muere y otra España que bosteza». Pues eso, que la jornada terminó bostezando.

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