Iñaki Urdangarin pide la absolución al Supremo
Su abogado insiste en que el exduque únicamente fue un mediador.
El exduque junto con su abogado, Mario Pascual Vives. MONTSERRAT T. DÍEZ
Sáiz-Pardo | Madrid
Iñaki Urdangarin sigue sin reconocer absolutamente nada. En su recurso ante el Tribunal Supremo por la condena del caso Nóos pide su absolución total con los mismos argumentos que ha mantenido desde que en noviembre de 2011 estallara el escándalo: no hubo tráfico de influencias ni intención de enriquecerse con adjudicaciones hinchadas y a dedo de la administración balear, que fueron las únicas por las que fue condenado. Él solo fue un «mediador sin conocimientos en Derecho Administrativo» que únicamente buscaba «la simbiosis entre deporte y turismo», como resumió el lunes Mario Pascual Vives, su abogado en este causa.
Vives firma el vastísimo escrito remitido al alto tribunal y que ocupa 248 páginas. El texto, adelantado por El Mundo, define a Urdangarin como un «amigable componedor» que se dedicaba a buscar el beneficio de las administraciones gracias a sus «contactos deportivos e institucionales». La utilización de la figura jurídica del «amigable componedor» como base del recurso provocó cierto asombro entre los especialistas del caso y en medios jurídicos cercanos al Supremo. Ese término, extendido en el derecho de Sudamérica, solo se aplica a los procedimientos civiles y se refiera a una suerte de «árbitro» al que las partes recurren como mediador, pero fuera de los tribunales. Ese «juez de avenencia» (como también se le conoce) con el que Urdangarin se compara zanja conflictos basándose en su buen criterio y no en el derecho. Nada que ver con las acusaciones por las que fue condenado el cuñado del Rey por la Audiencia Provincial de Palma, al que jamás se le imputó haberse lucrado por intermediar en nada, sino por haberse enriquecido gracias a la prevaricación, la malversación, el fraude a la Administración, el tráfico de influencias y dos delitos fiscales.
Iñaki Urdangarin, que fue condenado a 6 años y 3 meses de cárcel, insiste, como hizo en el juicio, en que todos los trabajos en los que participó en Baleares los hizo con la «conciencia de que todo se hacía correcta y legalmente». Y, en cualquier caso, desde el mayor desconocimiento del Derecho Administrativo, del que —arguye— se ocupaba su ex socio Diego Torres.