Diario de León

La otra cara

Barcelona ensalza el mosaico de Miró

El pintor regaló a las Ramblas la emblemática obra en 1976 para invitar a los visitantes que llegaban desde el mar a adentrarse en la capital.

Gran afluencia de ciudadanos y turistas en las Ramblas pasando por el mosaico. ANDREU DALMAU

Gran afluencia de ciudadanos y turistas en las Ramblas pasando por el mosaico. ANDREU DALMAU

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Paco Niebla | Barcelona

Precisamente sobre este mosaico acabó el mortífero recorrido de la furgoneta con la que el terrorista Younes Abouyaaquob arrolló el pasado jueves a más de un centenar de personas antes de huir a través del cercano mercado de La Boquería, dejando un reguero de dolor y tristeza que Barcelona trata de superar.

El mosaico, de 400 metros cuadrados y que había pasado casi desapercibido para la mayoría de turistas y para muchos barceloneses que paseaban por encima de él, se ha convertido estos días en un improvisado altar de homenaje a las víctimas, transformado en una alfombra de flores, velas, peluches y emotivos escritos.

La verdad es que para contemplar la belleza, colorido (blanco, negro, rojo y amarillo) y detalles del mosaico, denominado «Pla de l’Os», es necesario verlo desde un punto elevado, a vista de pájaro, o bien acudir a la Fundación Miró, donde se conserva en papel el esbozo que el pintor hizo del mosaico.

Miró, nacido cerca de donde instaló su mosaico, insistió en que se pudiera pasear por encima de su obra y declinó asistir a su inauguración para no mezclarse con las autoridades.

La idea inicial del mosaico surgió en 1968 cuando el Ayuntamiento de Barcelona sugirió a Miró que hiciese un mosaico para el aeropuerto de El Prat que diera la bienvenida a los turistas y que es el que preside el gran vestíbulo de la actual terminal 2.

Miró dijo que haría tres obras, otras dos también para los que llegaran por tierra y por mar. El del Pla de l’Os da la bienvenida a los que llegan por mar, mientras que el del aeropuerto da la bienvenida a los que llegan por aire y quedó pendiente una escultura que ideó para el Parque Cervantes para saludar a quienes llegaban a la ciudad por la antigua carretera nacional, hoy la Diagonal.

El nombre del mosaico de las Ramblas, según cuenta la web de Turismo de Barcelona, se debe a la leyenda que cuenta que «los barceloneses se quedaban atónitos ante las puertas que el conde Berenguer IV hizo traer de Almería como trofeo de guerra: el antiguo portal de Santa Eulàlia, rebautizado como el de la Boqueria, gracias a su precioso trabajo arabesco.

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