El relato de Puigdemont vuelve a ser susceptible de varias interpretaciones
Es cierto que en su misiva Puigdemont da a entender que el día 10 no proclamó la independencia. De hecho, menciona «la suspensión del mandato político surgido de las urnas el 1 de octubre». Pero su relato es muy interpretable. Tanto que permitió concluir una cosa y la contraria a los distintos exégetas de sus palabras. El portavoz de ERC en la Cámara baja, Joan Tardà, aseguró en La Sexta que claramente hubo proclamación. A ojos del coordinador general del PP, Fernando Martínez Maillo, todo se reduce a «una tomadura de pelo al conjunto de la ciudadanía». Un «trampantojo», dijo, con el que el presidente de la Generalitat «parece buscar su propio alivio judicial».
Sospecha
«No se entiende la persistencia en la confusión salvo que responda a la estrategia de sus apoyos más radicales para tensar la situación», insistió Sáenz de Santamaría. El Ejecutivo sospecha que, en efecto, lo que buscan los secesionistas es forzar la aplicación del 155 para volver a movilizar las calles.
En línea con esas tesis, Puigdemont también hace alusión en su carta a la «represión» del Estado y aprovecha la ocasión para demandar a Rajoy que revierta el daño causado. Lo paradójico es que, entre las medidas para las que exige marcha atrás cita no sólo la intervención de las cuentas de la Generalitat o el bloqueo de páginas web sino la imputación por sedición del mayor de los Mossos d’Esquadra, Josep Lluis Trapero y los responsables de ANC y Ómnium , Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, en la Audiencia Nacional, ajena al Ejecutivo.