De la vida como sueño y otras españoladas
L a obsesión de los independentistas catalanes en manifestar su propósito ferviente, casi febril, de separarse del resto de España, no deja de ser sorprendente, por lo que tiene de algo muy arraigado en la personalidad profunda de lo español: ese arquetipo humano que para la literatura comenzó en China y que, a través del mundo árabe, acabó fijándose definitivamente en España mediante la obra de Calderón de la Barca. Me refiero al arquetipo de «la vida como sueño», que nos permite explicar muchos aspectos, casi todos dolorosos, de nuestra historia, y que sin duda es muy apropiado para entender lo que está sucediendo en Cataluña.
Mas ese no sería el único arquetipo aplicable al caso. Lo sucedido en el parlamento catalán el pasado 10 de octubre nos lleva irremediablemente a otro, fijado también en España, y por el mismo Calderón de la Barca, que es el de «el gran teatro del mundo». Tal vez en este caso el adjetivo sea demasiado solemne para la realidad que pudimos apreciar, pero la inescrutable declaración inicial del señor Puigdemont, y luego el aparato de la interminable firma de un documento para los espectadores desconocido, pertenece a lo sustantivo de la materia teatral. De la realidad trascendida por lo teatral formaron parte, sin duda, todos los ingredientes de aquel memorable espectáculo. Algo también muy español, por mucho que el fervor independentista intente teñirlo con colores autóctonos...
Y para añadir una pieza también españolísima al conjunto, ya no desde los arquetipos sino desde las miradas, se me ocurre que el tercero de los elementos españoles de esa situación, que a todos nos tiene en vilo en estos momentos, es el del esperpento valleinclanesco. Don Ramón María fue capaz de sintetizar con mucha expresividad algo que conforma también una parte importante de la sustancia de lo español, y donde se mezclan, por lo menos, lo grotesco, lo disparatado y lo estrafalario.
Por mucho que me duela, no dejo de ver la aventura segregacionista catalana como algo muy español. Demasiado español...