Los resultados del 21-D, toda una incógnita ante los continuos cambios
El resultado del 21-D es toda una incógnita porque la montaña rusa que es la política catalana sube y baja casi en el mismo día. En el último sondeo del CEO, realizado entre el 16 y el 29 de octubre, es decir, con posterioridad a la primera marcha atrás de Puigdemont y la proclamación de la república, las expectativas apenas cambiaban respecto al parlamento actual.
El sentimiento independentista recobraba un fuerte impulso, según el CEO, pero en votos y en escaños no se apreciaba. En parte, porque en Cataluña los bloques están muy definidos desde hace mucho tiempo y no hay casi traslación. Hay una especie de empate eterno. Según cómo transcurra la campaña puede además que haya un cierto cansancio entre el independentismo e incluso miedo, cuando escucha a los diputados de Junts pel Sí, como Lluís Llach, que llama a las barricadas para que se dispare la prima de riesgo española, como si no afectara a Cataluña, o a Toni Castellá y su «guerra entre buenos y malos».
Si el independentismo no es capaz de concurrir unido, la pugna entre ERC y el PDeCAT puede ser de alto voltaje, lo que aumentará el desconcierto en la parte de su electorado que no entiende que no se pongan de acuerdo cuando tienen a sus primeros espadas en la cárcel. En lo que sí se diferenciarán las elecciones del 21-D a las del 27-S es en que la mayoría de los que concurren lo hacen con las cartas descubiertas.