EN PRIMERA PERSONA. Mis recuerdos
Déjame llorar. Pero él no me dejaba. Decía que le daba asco. Yo estaba tan triste que necesitaba llorar... No cuestionen por qué no denunciamos. Valoren por qué nos quedamos a su lado esperando que todo cambie. Pero nunca cambia. Cada vez es peor. Él coge el terreno y a ti cada vez te hace más pequeña. Poco a poco, sin prisa, sola entre cuatro paredes. Nadie escucha, los oídos se hacen sordos...
Quiero dedicar este testimonio a mi ángel de rosas blancas. Siempre estarás en mi corazón y en mi alma. Se lo dedico también a las personas que sufren en silencio la violencia. A las
que ya no pueden hablar por haber muerto a manos del maltratador, a la justicia, psicólogos, asistentes y personas anónimas que empatizan incluso con lágrimas y nos ayudan a salir de la jaula que en el pasado estuvimos metidas y de la que ahora, aun con la puerta abierta, no sabemos salir.
Al resto de la gente que no nos entiende les pido que por un momento se pongan en mi lugar, tal vez así empiecen a entender dónde están los errores y si tienen el poder de poner una solución, que lo hagan ya... Gracias por leer mi testimonio.