Junqueras seguirá preso al persistir el riesgo de que «incite» a la violencia
El Tribunal Supremo avanza una eventual condena en un duro auto que confirma la rebelión.
Oriol Junqueras, en una imagen de octubre. ALEJANDRO GARCÍA
M. Balín | Madrid
Las «profundas» convicciones religiosas de Oriol Junqueras. Su alegato como un «hombre de paz», favorable al diálogo bilateral y a la negociación en pos de la independencia de Cataluña no han sido suficientes para abandonar la prisión de Estremera, donde permanece desde el pasado 2 de noviembre. La Sala de apelaciones del Tribunal Supremo rechazo ayer por unanimidad su recurso de excarcelación porque el riesgo de reiteración delictiva, en caso de quedar en libertad provisional, se mantiene inalterable. La decisión se tomó con el criterio favorable de la Fiscalía del Alto Tribunal y de la acusación popular, ejercida por el partido Vox.
Para los tres magistrados de la sala no ha sido motivo suficiente la posibilidad de que Junqueras se postule a presidente de la Generalitat, en caso de que Carles Puigdemont no regrese de Bruselas, ya que los graves delitos imputados a un cargo político —rebelión, sedición y malversación de caudales públicos, que se confirman ahora plenamente¡— «no supone la impunidad». Por lo tanto, señala el auto de 27 páginas, «no hay datos» que permitan entender en este momento que el líder de ERC vaya a abandonar la vía unilateral para conseguir sus fines. La sala añade que si quedara en libertad podría volver a reincidir en el delito, esto es, promover un alzamiento contra el Estado, la Constitución o el ordenamiento jurídico, reiterando el incumplimiento de sus resoluciones o haciendo un llamamiento público para ello, como ocurrió en el referéndum ilegal.
Opción política
El auto comienza destacando que defender la opción política de independencia de una parte del territorio nacional es legítimo, ya que la Constitución admite la defensa de cualquier posición política, incluidas las que defienden la desaparición de la misma Constitución, «pero ha de propugnarse sin cometer delito alguno». En el caso de Junqueras, según el Supremo, no se ha situado en esa situación teórica sino que ha ido mucho más lejos, participando como vicepresidente de la Generalitat en un plan de declaración unilateral de independencia. Ese comportamiento constituye «un hecho ilegítimo, gravísimo en un Estado democrático de Derecho, en el que el cumplimiento de la Ley como expresión formalizada de la voluntad popular aprobada por sus representantes legítimos impone ciertos límites que deben ser respetados en aras de una convivencia pacífica y ordenada».