La Guardia Civil lo tiene claro: celos o venganza
Las dos horas de declaración de Ana Julia Quezada no cambiaron ni un ápice las principales hipótesis de trabajo de la Guardia Civil. «Celos o simple venganza. O las dos cosas al mismo tiempo». Los expertos de las Unidad Central de Operativa de la Guardia Civil siguen sin contemplar otros móviles en el crimen del pequeño Gabriel, según revelaron fuentes de la investigación tras escuchar la declaración de la asesina. Los agentes se rafirmanen que fue un asesinato premeditado y no un homicidio más o menos accidental, y se han conjurado para probarlo ante un tribunal.
Los agentes de la UCO sospechan que la presunta asesina quería deshacerse hace tiempo del crío, con el que mantenía una relación cada vez más tensa, porque, a su juicio, obstaculizaba su relación con el padre del menor, Angel Cruz. La otra tesis es que el asesinato del niño fuera una suerte de venganza por el rechazo que mostraba hacia ella, a pesar de que Quezada se empeñaba en que le considerara como su «madrastra» (término que en Sudamérica no tiene connotaciones peyorativas) y que siempre le llamaba «mi niño». Al menos en público.
Esa misma venganza con la muerte del menor se extendería a la madre, Patricia Ramírez, con la que Ana Julia no solo no tenía una relación amistosa sino más bien tensa desde hacía semanas. Los investigadores sostienen que sentía evidentes celos por su excelente relación con su exmarido. Se ha especulado con la posibilidad de que Quezada quisiera volver a su país, República Dominicana, y que el niño sería un obstáculo.