Miles de personas muestran su tristeza por Gabriel
El silencio fue tan sólo interrumpido por el fuerte viento, el mismo que sopló durante la mayoría de los largos y grises días en los que miles de personas se afanaron por encontrar con vida al pequeño Gabriel. La noche del pasado viernes decenas de vecinos de la comarca almeriense de Níjar acudieron de manera anónima al mismo camino donde el pequeño de ocho años fue secuestrado por Ana Julia Quezada, asesina confesa de un crimen que ha causado una conmoción social pocas veces vista.
En total silencio y ya entrada la noche, los vecinos iluminaron la pequeña y solitaria pedanía de Las Hortichuelas Bajas con un rastro de velas que finalmente adoptó la forma de un pez, de esos que tanto le gustaban a Gabriel, un serio aspirante a biólogo marino.
Esta concentración de respeto y cariño hacia el pequeño, que llegó a sorprender a la familia de Gabriel por su espontaneidad, se produjo un día después de que la «bruja mala del cuento» ingresara en prisión.
Se ponía así punto y final a un caso que se ha alargado durante 14 largos días de angustia y desesperación para Patricia Ramírez y Ángel Cruz, quienes se han convertido en objeto de admiración por todo un país, cuyos ciudadanos han sentido la muerte violenta de su hijo como propia. «Gabriel ya forma parte de cada uno de los españoles, es un miembro más de nuestra familia», afirma entre lágrimas Carmen, una turista llegada desde Barcelona a Almería.