La extradición de Puigdemont puede allanar su reelección como president

Si el Supremo decide no ejecutar la entrega a España, el expresidente no podrá regresar durante años.

Artur Mas, Quim Torra, Roger Torrent, y Pere Aragonés, durante la manifestación celebrada ayer en Barcelona. ENRIC FONTCUBERTA

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León

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Junts per Catalunya (JxCat) nunca ha renunciado a reelegir a Carles Puigdemont como presidente de la Generalitat. Los independentistas reivindican su figura en cada acto público y lo presentan como el líder legítimo de Cataluña. Pero la investidura de Quim Torra y la apertura de un tímido diálogo con el Gobierno central parecía que dejaban al expresidente en un segundo plano, mientras resolvía sus pleitos judiciales muy lejos del Palau de la Generalitat.

Sin embargo, la justicia alemana ha vuelto a ponerle en el centro del escenario y las opciones de que vuelva a ser jefe del Ejecutivo catalán aumentan por momentos, o al menos eso piensan en sus filas. «Cada vez es más real la posibilidad de restituir a Puigdemont», afirmaron en JxCat nada más conocerse que el tribunal de Schleswig-Holstein decidía extraditar al líder nacionalista, pero solo por malversación. La primera conclusión que JxCat extrajo el jueves al conocer la resolución germana fue en clave de reelección de su líder Se atrevieron incluso a decir que no habría problema en que Torra se apartara para dejar su puesto al exalcalde de Gerona. Este supuesto sería posible si se ejecuta la extradición y Puigdemont regresa a España, donde solo con la acusación de malversación podría quedar en libertad provisional, como en Bélgica y en Alemania. JxCat intentó al principio de la legislatura investir a su jefe de filas, pero entre el Supremo y el Constitucional se lo impidieron. Roger Torrent no quiso desobedecer y Junts per Catalunya y Esquerra tuvieron que activar la alternativa de Torra (tras intentarlo sin éxito con Sànchez y Turull).

La elección de Puigdemont tendría unas consecuencias muy negativas sobre el incipiente diálogo iniciado entre los Gobiernos central y autonómico, pues el expresidente lidera el sector del independentismo que aboga por no bajar del monte. El nacionalista se ha convertido en el referente del desafío contra España, en el político que ha conseguido «derrotar» al Supremo, según se felicitó él mismo el jueves.

Tras conseguir una sonora victoria contra la justicia española, Puigdemont aspira ahora a ser el líder no solo de JxCat, sino de todo el independentismo. Ansía ser una mezcla entre lo que supone el movimiento político impulsado por Macron en Francia y el que lideró Alex Salmon en Escocia, que aglutinaba a todo el soberanismo.

En esta línea, los fieles al expresidente se reunieron ayer en Barcelona para acabar de perfilar el movimiento político transversal que pretende fagocitar a JxCaT, el PDeCAT y, si se deja también, a Esquerra y que el lunes se presentará en sociedad con Puigdemont y Torra al frente. Su primer reto es arrebatar la alcaldía de Barcelona a Ada Colau.

En cualquier caso, la posibilidad de que Puigdemont no regrese durante años a Cataluña también está sobre la mesa y es muy real. En manos del juez del Supremo, Pablo Llarena, está decidir si acepta o no la entrega del exmandatario catalán para que sea juzgado solo por malversación. Si rechaza la extradición, será con el objetivo de que no se dé la paradoja -difícil de entender para los profanos en derecho- de que el que era el jefe de todos los procesados no sea juzgado por el delito más grave, el de rebelión, a diferencia de sus excompañeros de gabinete. La acusación particular que ejerce Vox, de hecho, ya ha solicitado a Llarema que rechace la entrega. Y si el magistrado instructor de la causa en el Supremo se decanta por esta opción, al líder independentista le esperarían años como catalán errante por Europa. Es el caso también de los exconsjeros Toni Comín, Lluís Puig y Meritxell Serret, huidos en Bélgica.

Puigdemont podría moverse con libertad por toda Europa, pero no podría volver a su casa en Gerona. Tampoco podría presentarse en la Cámara catalana para volver a ser investido. Aunque JxCat está a la espera de que el Constitucional resuelva el recurso contra la reforma de la ley de la Presidencia aprobada esta legislatura y que permite la investidura a distancia, sin que el candidato esté en el hemiciclo.

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En el supuesto de que Puigdemont no pueda volver y tampoco sea investido, su futuro más inmediato, salvo que decida recurrir la resolución de extradición al Constitucional alemán, pasa por volver a instalarse en Bruselas, en Waterloo, desde donde pilotará el Consejo para la República y llevará las riendas del secesionismo, dejando a Quim Torra la gestión del día a día del Gobierno de la Generalitat.