«Nadie viene a quitar el trabajo a nadie»
El obispo de Astorga y presidente de la Comisión de Migraciones alerta del «daño» que causan las falsas noticias que alientan «la xenofobia» España recibió 900.000 inmigrantes, sólo 22.000 fueron ilegales, destaca Menéndez. Pretende negociar no sólo autodeterminación, también transferencias o retiradas de recursos .

Juan Antonio Menéndez ayer, en la rueda de prensa sobre migración que dio ayer en Astorga, en la que criticó las mentiras y los réditos políticos. A. VALENCIA
ANA VALENCIA | ASTORGA
El obispo de Astorga, Juan Antonio Menéndez, abordó ayer en un desayuno informativo el fenómeno migratorio desde su papel de presidente de la Comisión de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española y tras participar en el encuentro europeo de comisiones de migración. Una realidad, dijo, que España tiene que afrontar con generosidad y responsabilidad, instando a los gobiernos a «no querer sacar rédito político» ni plantear cuestiones «catastrofistas» desde el punto de vista de la economía.
«Nadie viene a quitar el trabajo a nadie», explicó.
El prelado se refirió con datos a que no hay colapso ni tampoco una crisis migratoria, aunque sí explicó que este fenómeno cambiará la configuración de España. «El país se modificará porque será pluricultural y plurireligioso, por eso el objetivo pasa por ayudar a nativos e inmigrantes a entenderse», aseguró, recordando que es lo que el papa Francisco ha bautizado como «la cultura del encuentro».
Con datos en la mano, Menéndez apuntó que el año pasado España recibió 900.000 inmigrantes, de los cuales sólo 22.000 fueron ilegales, por eso ha alertado del «daño» que causan las falsas noticias, que alientan «la xenofobia». En estos términos, el obispo explicó que España «no es un país racista», pero aseguró que trabajar en la integración resulta «fundamental», igual que el hecho de que los inmigrantes «sean leales y no se cierren en sí mismos o en guetos».
El obispo de Astorga puso de manifiesto que poner el foco solo en los ilegales no resulta real, porque «inmigrantes también son los futbolistas o los directivos procedentes de otros países».
Menéndez lo tiene claro. Actualmente no hay una burbuja migratoria, aunque sí considera que hay una crisis política porque los países de la Unión Europea no se ponen de acuerdo ante este fenómeno. «Los políticos no deberían utilizar la inmigración como arma arrojadiza y si buscar soluciones de Estado para que sean estables», aseguró, consciente de que la inmigración actual es circular y estas personas se mueven por distintos países e incluso muchos retornan a sus países. El prelado también quiso recordar que el mayor numero de migrantes que recibe actualmente España procede de Venezuela y explicó que el Mediterráneo se cobra muchas vidas pero el desierto «se lleva otras tantas», lamentó, intentando que se conozca la realidad amplia de este fenómeno. Además, puso de manifiesto que los gobiernos deberían actuar sobre las mafias y en los países de origen, propiciando in situ soluciones a los problemas económicos y sociales, como única medida para atajar la huida de los migrantes. Puso de ejemplo a España, explicando que cuando la situación cambió, dejó de ser un país emisor. También aseguró que no cree que las soluciones pasen por crear centros en los países de origen de los inmigrantes, muchas veces, explicó, «estados corruptos que no garantizan los derechos de las personas».
Menéndez aseguró que la inmigración es mucho más amplia que la irregular y quiso alertar de que a veces el foco mediático no arroja toda la realidad. En este sentido, argumentó que el mismo día que en Valencia desembarcaban más de 600 migrantes procedentes del Aquarius, las costas de Cádiz recibían a 2.000 personas.
El desayuno contó con un vídeo donde personas que actúan en la recepción de los migrantes han expresado esta realidad en primera persona, asegurando que «en las fronteras no hay derechos» y argumentando que «son lugares donde no existe la democracia». Por último el obispo se refirió a que la colaboración «debe ser cada vez mayor» y aseguró que todas las personas tienen dignidad en sí misma y unos derechos que son indiscutibles. Finalmente, subrayó que lo que sí es un problema que «crece de forma preocupante» es la trata de personas y la cantidad de menores que llegan solos. También avanzó que la ONU está trabajando en pactos globales para la migración y los refugiados y la Iglesia ha propuesto 20 medidas para organizar las políticas migratorias. Un extremo cuyo final es incierto por la salida de Estados Unidos de la organización.