Diario de León

La mossa que abatió al asaltante en la comisaría de Cornellá: «Me iba a matar»

Rueda de prensa del sindicato que defiende a la mossa. A. GARCÍA

Rueda de prensa del sindicato que defiende a la mossa. A. GARCÍA

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AGENCIAS | BARCELONA

La agente de los Mossos d’Esquadra que abatió al hombre que asaltó la comisaría de Cornellà armado con un cuchillo e invocando a Alá ha asegurado ante la jueza que pensó que se trataba de un atentado terrorista y que disparó para protegerse a sí misma y a sus compañeros: «Me iba a matar». A la magistrada y también en una reconstrucción de los hechos en comisaría, la mossa y el sargento testigo directo han mantenido una versión coincidente: actuaron en defensa propia y de la de sus compañeros, que estaban en el vestuario, sin armas, en el momento del cambio de turno.

La mossa, asesorada por los servicios jurídicos del sindicato Uspac, ha explicado a la juez que el asaltante, de 29 años de edad y que ahora se sabe que afrontaba una crisis personal, accedió a la recepción de la comisaría y se abalanzó hacia donde se encontraba ella, en una «pecera» —protegida por un cristal, pero con la ventana abierta—, sentada en una silla con ruedas. El hombre esgrimió un cuchillo de unos 20 centímetros y un grosor de siete centímetros e incorporó la mitad de su cuerpo en la garita en la que estaba la agente, que instintivamente retrocedió en la silla con ruedas, hasta casi caer. La mossa se pudo incorporar y entró en la estancia de la comisaría pidiendo ayuda, al grito de «sargento, sargento», ante lo que el sargento, jefe de turno, salió al pasillo y vio a la mujer y cómo se le intentaba tirar encima el asaltante, mostrando el cuchillo por encima de la cabeza.

El presidente del sindicato Uspac, David Lijarcio, consideró ayer que la actuación de la agente fue «meritoria» y pidió que sea condecorada. En rueda de prensa en su sede en Barcelona, el presidente del sindicato -—que ejerce la defensa de la agente— insistió en que tanto ella como el sargento que le prestó apoyo «son héroes y como héroes hay que condecorarlos». También manifestó que la mossa no sólo actuó protegiendo su vida, sino la de otros policías presentes en las dependencias policiales coincidiendo con el cambio de turno, un momento de «especial vulnerabilidad» porque estaban en el vestuario y aún sin sus armas reglamentarias. Ante la amenaza que suponía el atacante, armado con un cuchillo y que invocó a Alá al abalanzarse contra la policía, la agente, con 14 años de experiencia en el cuerpo, no se encerró en un despacho para protegerse, como podría haber hecho, sino que pidió la ayuda del sargento para impedir entre ambos que el asaltante accediera al interior de las dependencias policiales y atacara a sus compañeros, desarmados en el vestuario.

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