Diario de León

LEONESAS DE AYER Y HOY | MARUJA BOTAS SALVADORES

«Hago el cocido con amor y madrugando mucho»

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ana gaitero | león

Es la reina del cocido maragato. La mujer que puso este plato de batalla cotidiana en las cartas de los restaurantes sin salir de su pueblo, Castrillo de los Polvazares, y casi de su cocina. Maruja Botas Salvadores dice que empezó «a lo tonto» a servir cocidos en su casa desde que un día un médico del pueblo, el doctor Sastre, se lo encargó para una celebración. Enseguida le cogieron afición al cocido maragato los militares del Regimiento Lanzacohetes de Astorga y ha sido un no parar hasta hoy.

Con 86 años, Maruja que es tan famosa o más que el cocido maragato, se levanta cada mañana para atizar la olla con todos los ingredientes del que pasó de plato corriente y cotidiano a menú estrella de la gastronomía leonesa. Ahora enseña a su sobrino que desde hace cuatro años se ha puesto a la faena y quiere hacerlo como su tía. «Me daba pena cerrar esto, la gente que he conocido y todo el mundo me recuerda», confiesa.

Como ella aprendió de su madre, Enriqueta Salvadores, que era una mujer sencilla que servía cafés y cocinaba muy bien. «Hacía cosas de encargo para los veraneantes y de ahí se fue propagando», apostilla.

Tal y como se lo enseñaron sigue haciendo el cocido Maruja, «con cariño, con amor y madrugando mucho». Por la noche se ponen a remojo con agua y sal los garbanzos de pico pardal, que «son los que se llevan ahora porque son pequeños», comenta. «Me salen más bien...», asegura con la alegría de quien disfruta con lo que hace y como si lo estuviera degustando. Y es que las potas están hirviendo y sacando el jugo a carnes, casquería y embutidos. Hasta siete clases de carne, repollo, patata, sopa y finalmente roscón componen el suculento plato.

«No lo he industrializado ni lo he comercializado, pero de aquí salió toda la fama», subraya. Ahora hay siete establecimientos en Castrillo de los Polvazares, según sus cuentas, y no para de llegar gente. «Esto parece Benidorm, a mí me gustaba más como era antes». «Que sigan con ello, cada uno que viva de lo que pueda», matiza. «Se forran de dinero, yo me forro de otras cosas», concluye.

A su casa llegan de todas partes. «Todo Madrid», afirma. Gente de fama a raudales. Dede el embajador de la URSS, que visitó Astorga allá por los años 80, hasta el «honorable Tarradellas», asegura. Mucha gente de la tele, de la radio y la prensa rosa, como Jaime Peñafiel también aparecen en su lista de convidados.

El próximo sábado recibirá a la orquesta de Radio Televisión Española en su comedor, que mantiene como en los tiempos de su madre «porque no tenía dinero para arreglarlo, pero tenía la personalidad. Me gustan las cosas antiguas (cosa que ahora lo pintan para imitar lo viejo)», apostilla.

También la han visitado cocineros por el gusto de probar su cocido. «Estuvo la mujer de Ferran Adriá, «él no», y le pregunté cómo era su cocina: «Aquello es como un laboratorio, Maruja», me respondió». Se acuerda bien de José Andrés, que vino hace cinco años a aprender de sus cocidos.

Un ingrediente fundamental del cocido es ella misma. Lo dicen todos sus clientes que, en su mayoría, «son amigos». «Gano muy poco dinero pero vale mucho todo lo que recibo aquí. Ahora estoy más de relaciones de públicas y dicen que yo formo parte del conjunto», asegura.

De los programas de la tele como Master Chef no tiene mucho que decir. «No lo veo, yo soy más de radio». Y de la capitalidad gastronómica de León dice que «bien, me pidieron que firmara» para la candidatura. Pero después de eso, «aquí no ha venido nadie». Tiene buen recuerdo, eso sí, de un cocinero televisivo, José Andrés. «Ay, lo que bailó. Aquí baila todo el mundo». Y le cantan a Maruja. Hasta los médicos que «comen más que los curas», apostilla. Hasta de Japón han venido para grabar a Maruja haciendo el cocido. «Estuvieron desde por la mañana hasta las 11 de la noche, como son tan perfeccionistas...».

Maruja Botas Salvadores, maragata de pro por las dos ramas y presume de llevar con su nombre los «apellidos más típicos de la Maragatería». También puede vanagloriarse de no aparentar los años que tiene ni en la voz ni en el físico. Rebosa alegría y no quiere más fama. Se resiste a que le hagan fotos y saca el genio para intentar oponerse aunque no queda más remedio. No quiere más fama. «No tengo letrero y me conoce toda España y parte del extranjero».

En Castrillo de los Polvazares fue a la escuela pero ella sostiene que lo que sabe es «lo que me ha enseñado la vida» en la cocina con los pucheros y en el comedor tratando con «mucha gente que cuanto más es más sencilla». De sus tiempos jóvenes recuerda que «lo pasábamos bomba cuando íbamos a la fuente. Aquello era como la discoteca». Aprendió los bailes maragatos y en su casa hacían baile con discos. En aquellos tiempos Maruja aún no era Maruja, la reina del cocido maragato.

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