El Tribunal Europeo de Derechos Humanos deja ver su sombra
Eran las 10.20 del pasado martes y Manuel Marchena tomaba la palabra. «Vamos a iniciar la vista oral». Arrancaba el juicio del ‘procès’, con doce dirigentes soberanistas en el banquillo y los ojos de medio mundo mirando al Salón de Plenos del Tribunal Supremo. En especial los de la Unión Europa, pendiente de cómo se desarrolla un proceso de este calado en uno de los países más importantes del club comunitario, y con los soberanistas haciendo campaña para cuestionar la independencia de la Justicia española. No habían pasado ni cinco minutos desde el inicio y Marchena ya había aludido en dos ocasiones al Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) para recalcar que sería «flexible» y tendría «generosidad» con los tiempos de intervención de las defensas.
Los procesados, las acusaciones y el propio presidente de la Sala son conscientes de que las sesiones que se celebran en el Supremo son como una primera parte. Solemne, muy relevante y casi definitiva. Pero no del todo. Porque luego llegará el Constitucional y sobre todo Estrasburgo. Allí se decidirá el partido.
Los abogados de los dirigentes soberanistas están convencidos de que Europa puede dar un revolcón al Supremo en el caso de una sentencia condenatoria. Su confianza se basa en algunos precedentes. Por ejemplo, cuando el TEDH decidió revocar la doctrina Parot, lo que permitió la excarcelación de varias decenas de etarras. Pero acudir a Estrasburgo no es ninguna pócima mágica ni un tribunal que eche al traste de forma sistemática las sentencias españolas. Más bien al contrario. Sin ir más lejos, avaló la ilegalización de Batasuna y hace unos meses también dio la razón a España al impedir la acumulación de condenas de presos de ETA.
Hacia dónde se incline la balanza depende de muchos factores, y con un juicio retransmitido en directo por internet las referencias al Tribunal Europeo de Derechos Humanos no paran de resonar en el Supremo.