Retos de seguridad y policía
Analizar los retos en materia de seguridad y policía en 2.500 caracteres de espacio es tarea inalcanzable. Se necesitarían varias decenas de folios para empezar a calentar el asunto. Centraré, de tal modo, el análisis en dos temas concretos: el modelo policial y el llamado «crimen sin fronteras».
Ya escribí no hace mucho en estas mismas páginas una tribuna sobre el modelo policial para el siglo XXI. En España hay actualmente diez realidades policiales diferentes: Policía Nacional, Guardia Civil, Servicio de Vigilancia Aduanera, Ertzaintza, Mossos de Escuadra, Policía Foral de Navarra, Cuerpo General de Policía de Canarias, Policía Local, Policía Portuaria y Agentes Medioambientales. En total suman 247.000 agentes, lo que ofrece una ratio de 4,8 policías por mil habitantes.
Capítulo aparte merecería la seguridad privada, con un «ejército» de 80.000 vigilantes repartidos por miles de empresas en todo el país.
Así las cosas, la duplicidad de funciones es patente. Hasta siete uniformes oficiales distintos pueden coincidir o actuar en un mismo lugar. Resulta incuestionable, pues, que se precisa un nuevo marco legislativo. Una Ley Orgánica de FFCCS que racionalice estructuras, ámbitos y competencias.
En cuanto al «crimen sin fronteras», denominación acuñada para englobar modalidades de delincuencia transnacional, incide especialmente el narcotráfico y sus consecuencias en la seguridad ciudadana.
La situación geoestratégica de la península ibérica juega un papel determinante para que los narcos y otros grupos criminales (mafias, trata, sicariato, fugitivismo…) intenten asentarse aquí. La cercanía con el Magreb y las aguas del Mediterráneo, del Atlántico y del Cantábrico son contextos insoslayables. Añádanse escenarios como el Peñón de Gibraltar o Andorra, el espacio Schengen europeo de libre circulación o los ochenta millones de turistas que acogemos anualmente. Agréguense asimismo dos archipiélagos (Baleares y Canarias), dos ciudades en el continente africano (Ceuta y Melilla), ser frontera exterior de la UE o la conexión con Latinoamérica y ya tenemos el ecosistema favorable para ser cabeza de puente del «crimen sin fronteras». En pocas latitudes del planeta se da tal abundancia de coyunturas.
En resumen, este tipo de retos solo se pueden abordar con resultados óptimos desde una verdadera política de Estado y, lo que es igualmente importante, la coordinación directa de todos y cada uno de los cuerpos policiales por parte del Estado.