La nueva democracia sentimental, directa al corazón con emociones
La vía más corta para llegar a la cabeza es a través del corazón. Se vive en una «democracia sentimental, porque el enganche a las redes es a través de las emociones», explica el experto en Comunicación Política, Jordi Rodríguez-Vigil. Una reflexión que puede explicar por qué los cuatro grandes partidos que aspiran a llegar a la Moncloa han incluido un corazón en su cartel electoral. Una curiosa incoherencia entre un símbolo tan positivo y la dureza de los mensajes que se intercambian los partidos. Los analistas lo atribuyen a un intento de rebajar la tensión, conscientes de que los discursos agresivos son propios de partidos minoritarios y la elecciones se ganan con argumentos centristas.
El primero en incorporar el corazón, según recuerdan, fue Ciudadanos en su campaña Mejor Unidos de 2012, que imitaba el Better together de los unionistas británicos. Así nació el ahora famoso corazón, transversal a los partidos, que engloba las banderas de Cataluña, España y Europa. Después vino, en 2016, el corazón en el logo de Unidos Podemos con motivo de la convergencia entre los de Pablo Iglesias e Izquierda Unida para reflejar la idea de querer ir juntos. Con la llegada de Pablo Casado al Partido Popular, el tradicional logo del ave se reconvirtió en un corazón coloreado de rojo y amarillo para remarcar la idea del compromiso emocional con España y la unión frente a la división.
El último en llegar ha sido el corazón en el cartel del Partido Socialista para el 28-A, junto al lema la España que quieres. Lejos del símbolo más identitario, del Partido Popular, aquí se invita a imaginar el país que se gustaría tener bajo valores progresistas. Además, se introducen símbolos propios de las redes sociales para dotar al mensaje de un código más juvenil.
El corazón evoca al me gusta de instagram o twitter. Es una exaltación del lado emocional, porque «los seres humanos no votamos con la razón, sino con las emociones», interpreta el experto en comunicación política, Jordi Rodríguez-Vigil. En ocasiones se apela a la ira o el rechazo, en este caso se busca lo contrario, la paz, el amor y la lealtad con un símbolo universalmente positivo.
La política actual está plagada de mensajes amenazantes: «desde la izquierda se advierte de que llega la derecha reaccionaria; desde la derecha la alarma consiste en que pueden ganar los que negocian con independentistas y quienes quieren romper España». Este ambiente contrasta con la inclusión de elementos más constructivos que destructivos en los carteles electorales.
La razón de fondo es atraer a más votantes.
Por otra parte, las marcas saben que cada color produce una reacción en nuestro cerebro y los partidos también. El rojo nos llevará a pensar en los partidos de izquierda y el azul, en los de centro-derecha (aunque en Estados Unidos es al revés). El rojo, puro éxito, es el más intenso emocionalmente. Podemos utilizó en la europeas una tipografía con trayectoria de éxito, la Gotham, la misma que utilizó Obama con el «Yes, we can», acompañada de unas circunferencias que intentan representar al ser humano y a lo eterno. Y el morado, color históricamente asociado al poder siendo solamente vestido por nobles, la ambición, la espiritualidad y la sabiduría. Con el azul, el PP busca producir tranquilidad y confianza. Ofrece ventajas, es limpio y hace sentir bien. Vox se identifica con el verde, ligado a la ambición, la renovación y el dinero. Las marcas asociadas a la ecología escogen este color, pero también lo usan aquellas que tienen que suavizarse. Vox llegó como otra alternativa política con un logo a lo grande, realizado por José Gil-Nogués en un color que enlaza con otros partidos conservadores europeos y que busca sugerir.
Rafael Celda diseñó la imagen corporativa de Cs con naranja, estimulante y creativo, representa la novedad, ese lugar donde comienza el cambio y se consigue diferenciar.