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León

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carlos pérez gil | madrid

Los historiadores ya tienen dos motivos para incluir a la campaña electoral del 28 de abril en las enciclopedias, porque además de ser inédita por desarrollarse entre capirotes y tronos de Semana Santa, se ha adentrado por primera vez en una cárcel.

Con la venia de la Junta Electoral Central, Jordi Sánchez, preso por el ‘procés’ y cabeza de lista de JxCat por Barcelona, ha dado una rueda de prensa por videoconferencia desde la prisión de Soto del Real (Madrid) organizada por la Agencia EFE, que tenía apostados a los periodistas en su delegación en Barcelona.

A las 11.30 horas, las televisiones y las redes sociales recibían la señal bajo el asombro de más de un internauta que ha tenido que refrescar varias veces para confirmar que era cierto lo que veía.

No ha pasado inadvertido el atrezo de la improvisada sala de prensa establecido por la dirección del presidio: una mesa-pupitre, una bandera de España y un retrato de Felipe VI, detalles que han removido en sus perfiles tanto Quim Torra como su antecesor en la Generalitat, Carles Puigdemont. «En el centro, un preso político. Arriba a la derecha, la imagen de quien instigó el ‘a por ellos’ que justifica que Jordi Sánchez lleve más de un año y medio en prisión preventiva. Sobran las palabras», se ha indignado el político exiliado.

El de Sánchez no ha sido el único acto electoral entre barrotes, porque Gabriel Rufián (ERC) se ha hecho preso por un día y se ha ido a la cárcel de Lledoners (Barcelona) para dar «una charla, más que un mitin», a los reclusos.

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En Vic los comandos separatistas han salido en procesión para tratar de boicotear un acto de Inés Arrimadas, que ha espolvoreado las imágenes en las redes.