Cuatro candidatos en un pañuelo
■ Sánchez apuesta a la grande contra Vox ■ Casado se propone gobernar o resistir Iglesias quiere al fin tocar poder ■ Ciudadanos, consolidarse como alternativa o diluirse ■ La ultraderecha regresa al Congreso.

Los candidatos a presidir el Gobierno de España tras las elecciones generales.
Salvo sorpresa mayúscula, el PSOE debería volver a ganar unas generales 11 años después. La gran incógnita es si los socialistas lograrán gobernar y, si lo hacen, con quién. Pero la incertidumbre sobre lo que puedan deparar las urnas se extiende en su máxima expresión al resto de grandes fuerzas políticas. El PP aspira a mantener de forma holgada la segunda posición, pero al acecho están Ciudadanos, que se ha volcado en campaña para convertirse en la primera opción de centro derecha; Unidas Podemos, que tras el regreso de Pablo Iglesias ha ido de menos a más en las semanas previas a las elecciones; y Vox, cuya irrupción en el Congreso es impredecible, tras cinco días sin encuestas y con un alto porcentaje de votantes indecisos.
Su particular venganza
Pedro Sánchez acaricia la victoria y con ella su particular venganza. El secretario general del PSOE llegó a la presidencia del Gobierno el pasado 2 de junio después de una moción de censura contra Mariano Rajoy en la que necesitó el apoyo de los secesionistas. Muchos pensaron en su entorno que esa dependencia del PDeCAT y ERC sería un lastre y que había mucho más que ganar con una convocatoria inmediata de elecciones. Él optó por intentar gobernar pese a todo, con solo 84 diputados socialistas, para desplegar una agenda social que, transformada o no en leyes, le sirviera de cartel electoral llegado el momento. Y si las encuestas no fallan, está a punto de cobrar su apuesta. Otra vez contra todo pronóstico.
En sus diez meses de Gobierno han sido varios los momentos en los que las cosas parecían irle cuesta abajo.
Cuando en febrero, en plena negociación de los Presupuestos el Gobierno ofreció a la Generalitat de Cataluña una mesa de diálogo extraparlamentaria en la que cada planteara sus propuestas sin restricciones y bajo la coordinación de un «relator» imparcial, todo parecía perdido.
Sánchez escenificó una ruptura abrupta con la Generalitat cuando comprobó que tanto ERC como el PDeCAT, condicionados por el recién iniciado juicio del ‘procés’, presentaban enmiendas a la totalidad contra sus cuentas públicas; explicó que daba por rotas las conversaciones por la exigencia de un referéndum de autodeterminación, aprovechó su derrota parlamentaria como prueba de que jamás se plegó a los secesionistas y pidió el comodín del público. Llamó a las urnas.
La estrategia del comité electoral del PSOE en los dos últimos meses y medio ha sido la del luchador de judo. Una campaña plana, en la que ha buscado convertir los ataques «hiperbólicos» (dice Sánchez) de Pablo Casado y Albert Rivera en fuerza a su favor. Aspira a gobernar en solitario y hasta hace unos días creía que los ciudadanos le legitimarían para ello y que Podemos, en claro declive, no estaría en condiciones de exigir formar una coalición.
Una incógnita
El 10 de abril y con un CIS que dejaba al PP entre los 66 y los 76 escaños, Pablo Casado descartó su dimisión en caso de debacle electoral. El candidato de los populares ha avanzado contra la corriente de las encuestas sin poder augurar si su estrategia servirá para vencer la tozudez de los sondeos. La demoscopia le sitúa en el peor resultado del partido desde su fundación y no garantiza que la suma con Ciudadanos y Vox vaya a alcanzar la mayoría absoluta. Pero sea o no así, un paso atrás no entra en los planes del presidente de la formación conservadora.
Es el único de los cuatro principales partidos con representación parlamentaria que se estrena en estas elecciones. Y en su entorno consideran que no sería justo exigirle a la primera lo que José María Aznar y Mariano Rajoy lograron al tercer intento. También llaman a tener en cuenta el escenario de profunda fragmentación de la derecha, con Ciudadanos y Vox intentando achicar el espacio de los populares, y el esfuerzo continuado de Casado durante nueve meses en los que el PP ha experimentado bajo su liderazgo una metamorfosis en equipos y discursos que aún debe probar su acierto en las urnas.
El PP llega ahora a las urnas con todas las cartas sobre la mesa: prefiere un Gobierno en solitario sostenido por un pacto para cuatros años de legislatura, aunque tampoco cierra la puerta de ese hipotético Ejecutivo ni a Ciudadanos ni a Vox.
‘Sorpasso’, cosa del pasado
El ‘sorpasso’ a los socialistas es cosa del pasado. Según explicaba en 2015 y 2016 Íñigo Errejón, Podemos se enfrentó en las generales de esos dos años al «ahora o nunca». O se asaltaba el poder entonces, o lo que viniera después sería diferente. «Se abrirá otra ventana que no será la misma», auguraba el exnúmero dos y cofundador de la formación morada.
Así ha sido. Esta nueva ventana se limita a día de hoy a formar parte de un Gobierno de coalición como socio minoritario del PSOE. Esta es una posibilidad que, por otro lado, no convence a Pedro Sánchez, quien prefiere reeditar un Ejecutivo formado solo por «socialistas e independientes progresistas de prestigio». Pero Pablo Iglesias no se rinde. En la campaña electoral ha dejado claro que, a diferencia de lo que sucedió en la moción de censura a Mariano Rajoy, ahora el líder del PSOE deberá ofrecer cuotas de poder a cambio de los apoyos para su investidura.
Ser decisivo
Albert Rivera va a por todas. El líder de Ciudadanos no quiere volver a quedarse en tierra de nadie y confía en ser decisivo en la formación del nuevo Gobierno. No hace ni un año aspiraba a suceder a Mariano Rajoy en la Moncloa después de darle apoyo en un Gobierno débil, pero llegó la moción de censura de Pedro Sánchez a lomos de la corrupción que se llevó al PP por delante, y también las bazas que, según todas las encuestas, tenía Rivera para convertirse en el siguiente presidente. Desde entonces el líder liberal se ha dedicado en cuerpo y alma a recolocarse en el tablero para disputarle a Pablo Casado la primacía de la derecha y consolidarse como la alternativa al PSOE.
En Ciudadanos creen que están a un paso de conseguirlo. El optimismo reina en la sede nacional naranja después de la intervención del catalán en los dos debates electorales.
Regreso al congreso
Todo lo que concierne a Vox y a sus posibilidades en estas generales es una incógnita. Solo hay una cosa clara, que la ultraderecha volverá a tener representación en el Congreso, algo que no lograba desde 1979 con el franquista Blas Piñar.
La duda es cuántos escaños pueden llegar a ocupar los de Santiago Abascal. Las encuestas realizadas a lo largo de la campaña electoral varían de forma significativa.
El primer objetivo de Vox, el de volver a la primera línea política, está hecho. Pero la formación se ha marcado otras metas. La principal de ellas es la de ser decisivo en el próximo Gobierno, y esto pasa inevitablemente por que la derecha alcance los 176 escaños que suponen la mayoría absoluta.



