Sánchez cita a Iglesias a dos semanas de la investidura
El líder de Podemos acusa al PSOE de querer acaparar «todos los sillones».

El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, momentos antes de una reunión. JUAN CARLOS HIDALGO
p. de las heras | madrid
Pedro Sánchez puso fecha ayer por fin a su próximo encuentro con Pablo Iglesias para tratar de acabar con la moviola infinita en que se ha convertido su diálogo público sobre la investidura. Será el próximo martes a las 12.00 horas en el Congreso de los Diputados. En el mismo comunicado en el que informó sobre el encuentro, el PSOE aseguró oficialmente que hay «bases sólidas para llegar a un acuerdo» y argumentó que los doce meses transcurridos desde la moción de censura que catapultó a su secretario general a la Moncloa han servido para demostrarlos. En privado, sin embargo, muchos dirigentes de la formación son pesimistas.
Está por ver si el jefe del Ejecutivo pone encima de la mesa alguna oferta que module lo único que ha estado dispuesto a conceder hasta la fecha a Unidas Podemos a cambio del apoyo insuficiente pero indispensable de sus 42 diputados: la incorporación a puestos de segundo nivel en la Administración, que el partido de izquierdas ve casi un insulto. Pero, de momento, ni él ni Iglesias han dado muestras de querer moverse medio milímetro de la posición en la que se encuentran para desbloquear la situación.
Si los socialistas despreciaron el miércoles la propuesta lanzada por el líder de Podemos en La Vanguardia para comprobar en el debate del día 22 si efectivamente un Gobierno de coalición haría inviable la investidura por la reacción adversa de otros grupos parlamentarios -algo que argumenta el PSOE- , ayer tanto Iglesias como la portavoz de su partido, Irene Montero, dejaron claro que no se apearán de la exigencia de entrar en el Consejo de Ministros y mostraron su enfado.
«No es bueno que alguien se obsesione con los cargos hasta el punto de decir: ‘todos lo sillones para mí’», recriminó el secretario general podemista. Montero, además, hizo hincapié en que entre las carteras que eventualmente pudiera obtener su partido tendría que haber sí o sí una para su jefe de filas y argumentó que vetarlo sería tan ridículo como si su formación no aceptase a Sánchez como presidente del Gobierno. Su tesis es que Iglesias ejercería de garante de que no se agacha la cabeza frente a los «poderosos». «Todo el mundo sabe que si Pablo Iglesias está sentado en el Consejo de Ministros va a ser más fácil decir a las eléctricas que bajen la luz», adujo.
En el PSOE admiten que su argumento de que ellos solos con Unidas Podemos no suman y que necesitan a otras formaciones que pondrían pegas a la coalición es en buena medida una excusa.
El problema de fondo no son los números sino la falta de confianza. A pesar de que Podemos ha prometido lealtad e incluso se han mostrado dispuestos a aparcar la exigencia de un referéndum de autodeterminación -una cuestión muy espinosa para el PSOE- fuentes de la dirección socialista replican que el modo en el que se ha comportado Iglesias con su partido, del que han sido barridos todos los fundadores, no resulta tranquilizador.