La ejecutiva avala a Sánchez para rechazar un Gobierno de coalición
El presidente en funciones planteará a Iglesias una «síntesis» de su programa del 28-A para negociar.

Cristina Narbona, Pedro Sánchez y Adriana Lastra durante la reunión de la ejecutiva. LUCA PIERGIOVANNI
paula de las heras | madrid
Pedro Sánchez irá hoy a su reunión con Pablo Iglesias con un mensaje rotundo. No son él y su consejero áulico, Iván Redondo, los únicos que defienden un Gobierno «monocolor», como mucho teñido por los tonos que puedan aportar algunos ministros independientes propuestos por Unidas Podemos. La estrategia diseñada en la Moncloa para negociar su investidura tiene el aval de toda la ejecutiva del PSOE, a la que el presidente del Gobierno en funciones se dirigió ayer por primera vez desde el pasado 10 de junio. Ahora, intentará aumentar la presión sobre el líder de la formación izquierdista obligándole a hablar de propuestas programáticas y no de cargos.
Sánchez dio este lunes así, dos meses y medio después de las elecciones generales del 28 de abril, el paso que muchos, incluso en sus propias filas, llevaban tiempo demandándole. Hasta ahora, ni había expuesto las cuestiones clave de su proyecto para la próxima legislatura, un movimiento básico para solicitar el apoyo o siquiera la abstención del resto de grupos políticos con representación en el Congreso, ni había designado formalmente un equipo negociador para empezar a pactar contenidos con quien pretende que sea su socio preferente.
El documento que pondrá sobre la mesa del secretario general de Podemos no pasa de ser algo muy genérico, una «síntesis» de 38 páginas -así lo definió la propia presidenta del partido, Cristina Narbona- del programa con el que Sánchez se presentó a las elecciones. Pero los socialistas aspiran a que sirva para salir de la casilla de la composición del Gobierno o, en su defecto, para evidenciar que a Iglesias sólo le interesan los sillones.
Bajo el título ‘España Avanza. Propuesta abierta de Cooperación para un Gobierno social, feminista, ecologista, europeista y progresista’, el texto recoge, por ejemplo, la promesa de iniciar un diálogo con los actores sociales para derogar los aspectos «más lesivos» de la reforma laboral y elaborar un nuevo estatuto de los trabajadores; el blindaje constitucional de la actualización de las pensiones conforme al coste de las vida; la eliminación de los copagos farmacéuticos; el impuesto sobre las transacciones financieras y la tasa Google o la rebaja de sociedades a las pymes.
No hay guiños específicos a Podemos ni en materias como vivienda (la formación que lidera Iglesias exige regular el precio del alquiler por zonas) ni las ya mencionadas. Nada del impuesto a la banca o de recuperar los 60.000 millones del rescate financiero o de subir las pensiones mínimas a 600 euros. Y tampoco el texto menciona la crisis catalana, uno de los asuntos en los que, según Sánchez, estaría el principal escollo para conformar un Ejecutivo de coalición.
Iglesias ya trasladó en su momento al presidente en funciones, y ayer lo hizo público, que estaría dispuesto a firmar por escrito que asumirá la estrategia gubernamental tanto en lo que respecta al conflicto territorial, lo que implicaría aparcar su defensa de los referéndums de autodeterminación, como a la política exterior. Pero los socialistas siguen sin dar relevancia a ese gesto.
El PSOE quiere evitar que el diálogo vuelva al asunto de los cargos. Lo prueba también el hecho de que aún no haya concretado cuáles serían los puestos intermedios de la Administración que estaría dispuesto a ceder Sánchez o en qué ministerios podría aceptar propuestas de independientes sugeridos por Iglesias.
El jefe del Ejecutivo ha recibido ya varias señales de que la fórmula con la que pretende lograr su reelección el día 25 está lejos de materializarse, pero no desiste. Quiere el sí de Unidas Podemos y la abstención de PP y Cs «para no depender del secesionismo», pero si no logra esto último no hará ascos a los escaños de ERC. Volvió a admitirlo ayer la presidenta y en el partido todos lo asumen.