Sánchez ofrece a Iglesias cargos fuera del Gobierno y una oficina de control
r. gorriarán |madrid
EPedro Sánchez desempolvó y actualizó una oferta que ya hizo en junio y ofreció a Pablo Iglesias que Unidas Podemos tenga puestos en instituciones «relevantes» de la administración pero fuera del Gobierno. Propuso además la creación de una oficina de seguimiento del eventual acuerdo de programa que alcancen el PSOE y los morados. Pero de ninguna manera una coalición gubernamental, la condición de condiciones para Iglesias.
El líder socialista echó a rodar los últimos dados de la investidura en un acto en la estación de Chamartín para presentar la esperada «Propuesta abierta para un programa común progresista», un compendio de 370 medidas distribuidas en seis capítulos y desarrolladas en 72 páginas. Es su última baza para lograr la reelección antes del 23 de septiembre y evitar unas nuevas elecciones el 10 de noviembre. El documento se queda a mitad de camino entre una oferta para negociar y un programa electoral.
Pero lo relevante fue el acompañamiento de la propuesta, una invitación a participar «en la gobernanza», que no en el Gobierno, y una triple garantía para el cumplimiento del acuerdo programático si es que Unidas Podemos se muestra de acuerdo. Hace algo menos de tres meses, Sánchez ofreció a Iglesias que miembros de Unidas Podemos participaran en segundos escalones del Ejecutivo sin entrada al salón del Consejo de Ministros. Ayer mantuvo el veto al ingreso a las reuniones del gabinete y transformó los segundos niveles gubernamentales en presencia en instituciones con peso de la administración del Estado que «complementen la labor del Consejo de Ministro». No dijo cuáles porque eso se queda para la negociación.
Triple garantía
Esa colaboración, añadió, se complementaría con la creación de un triple sistema de garantías que velase por el cumplimiento del eventual acuerdo que se forje en torno al paquete de 370 medidas. Se crearía, explicó, una oficina de vigilancia que dependería del Ministerio de Hacienda, sendas comisiones de seguimiento del pacto en el Congreso y el Senado, y un organismo que fiscalice la ejecución de los compromisos contraídos integrado por miembros de las organizaciones de la sociedad civil.
Sánchez envolvió su oferta de buenas palabras hacia Unidas Podemos, pero no pudo ocultar que le proponía ser un socio de segunda, amigos pero sin intimidad. «No compartimos tanto como para gobernar juntos pero sí lo suficiente para no darnos la espalda», dijo en su alocución. «No hay condiciones para convertirnos en socios de gobierno, pero eso no tiene por qué transformarnos en adversarios. Cabe ser aliados leales», apuntó en otra parte del discurso.
Todo se rompió, según el líder socialista, el 25 de julio, cuando los de Iglesias tumbaron en el Congreso su investidura a pesar de la invitación que tanto le había costado aceptar para que Unidas Podemos entrara como socio de pleno de derecho en el Gobierno con una vicepresidencia y tres carteras ministeriales. Ese día «se acentuó la desconfianza», admitió Sánchez, y es lo que explica por qué lo que valía en julio no sirve en septiembre. Unos recelos que no han desaparecido a tenor de la propuesta que puso hoy sobre la mesa. El presidente en funciones enumeró media docena de argumentos para desechar la coalición gubernamental pero pueden sintetizarse en que no hay sitio para dos gobiernos en uno.
Sánchez aseguró que su oferta no busca cubrir el expediente del que lo intenta a sabiendas de que está condenado al fracaso. Ni él ni el PSOE, afirmó con énfasis, quieren elecciones en noviembre y pondrán todo lo que esté en su mano para llegar a un acuerdo programático. Por lo pronto, los equipos negociadores de ambas formaciones se verán las caras este jueves por primera vez desde la frustrada investidura y, en función de cómo vayan los primeros tanteos Sánchez e Iglesias fijarán una fecha para reunirse la próxima semana. Si no hay química, no habrá física y no se verán, apunta fuentes cercanas al líder del PSOE.