La figura del relator enfrenta ahora a JxCat con Esquerra
Todos los caminos de la política catalana conducen a las elecciones autonómicas. Incluida la mesa de diálogo entre el Gobierno central y el Govern, que está a la espera de celebrar su primera reunión y que nacerá contaminada por la pugna electoral entre JxCat y Esquerra, incapaces de acordar una estrategia en el proceso negociador.
Primero discreparon sobre la celebración de la mesa en sí. Y ahora, una vez que Quim Torra y Carles Puigdemont han avalado el foro pactado entre el PSOE y ERC, se enfrentan con los republicanos en si deben o no poner más condiciones al inicio del diálogo. Dicho de otra manera, discrepan sobre si la figura de un mediador internacional que supervise la mesa debe o no ser imprescindible para que el balón eche a rodar. JxCat cree que sí, mientras que ERC no cree que sea condición ‘sine qua non’. Para los republicanos, lo importante es que el diálogo empiece a dar sus primeros pasos antes de las elecciones autonómicas.
La pelea es la de siempre. Los republicanos tratan de presentarse como los abanderados del diálogo y se quieren desmarcar de la vía radical de sus socios, mientras que los posconvergentes intentan presentar a sus aliados como los traidores a la causa independentista dispuestos a dar gratis su apoyo al Gobierno central.
En el soberanismo existe la sospecha de que Torra y Puigdemont quieren utilizar la exigencia de un mediador para dinamitar el diálogo con Pedro Sánchez antes de que comience. Sería su forma de lanzar la precampaña de las elecciones catalanas. Cualquier escenario que eleve el tono en la campaña arrastrará a los republicanos a posiciones maximalistas lo que hará fracasar el pacto con el PSOE. Unos comicios que están anunciados para este año, aunque todavía no tienen fecha, si bien en ERC creen que podrían ser en otoño.
El presidente del Gobierno fue claro la semana pasada en relación al mediador durante su visita a Cataluña para reunirse con Quim Torra. No lo contempla de ninguna manera. La mesa estará supervisada por «47 millones de españoles», dijo.