Diario de León
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España ha entrado en la nueva normalidad y la cuestión catalana sigue tocando la puerta. Poco antes de que el país entrara en una larga pesadilla de casi cien días, el Gobierno central y el catalán habían empezado a rehacer los puentes -después del ‘procés’- a través de una mesa de diálogo que fue la moneda de cambio para que Esquerra Republicana facilitara la investidura de Pedro Sánchez.

El 26 de febrero, en la Moncloa, se celebró el primer encuentro, tras una previa veinte días antes al más alto nivel en el Palau de la Generalitat. En un comunicado conjunto, «la mesa bilateral de diálogo, negociación y acuerdo para la resolución del conflicto político» sentaba las bases del inicio de las conversaciones entre ambos ejecutivos para «vehicular una solución política» en el «marco de la seguridad jurídica», expresión ya empleada en la declaración de Pedralbes y que fue muy celebrada por el independentismo porque evitaba la referencia a la Constitución.

El texto pactado por las dos delegaciones, formadas por ocho integrantes cada una (incluidos los dos presidentes) se comprometía a que la mesa se reuniese mensualmente. Días después, estalló la pandemia y la mesa se quedó aparcada.

Con el fin del estado de alarma (y la más que probable cercanía de las elecciones catalanas), los secesionistas exigen ahora su reactivación inmediata. Sin fecha El vicepresidente de la Generalitat, Pere Aragonès, apremió de nuevo este domingo al presidente del Gobierno para retomar el diálogo en julio.

«Si es la primera semana, mejor que el 20 o 25», aseguró. El dirigente republicano insistió en que «el coronavirus no ha eliminado el conflicto político» ya que, en su opinión, sigue habiendo «represión y exiliados».

La Moncloa acepta el mes de julio para volver a reunirse, aunque señala que antes de convocar la cita, JxCat y Esquerra deben limar sus diferencias internas.

En el secesionismo se ha interpretado como que el Ejecutivo no tiene demasiado interés por reanudar la mesa y se asegura que Sánchez no ha cumplido ninguno de los acuerdos suscritos en el primer encuentro: ni reunión mensual, ni creación de grupos de trabajo de cada parte ni se perfila un borrador de posible solución. JxCat también añade problemas y ha vuelto a recuperar la reclamación de un mediador porque no se fía del PSOE.

Las circunstancias han cambiado respecto al mes de febrero y unos y otros ponen pegas a su celebración. Casi el único que no añade incisos es Esquerra. La mesa es su aval para mantener la colaboración con el Gobierno y para justificar su apuesta por aparcar la vía unilateral y abrazar un cierto pragmatismo con el que quiere intentar conquistar la Presidencia de la Generalitat.

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