Sánchez orilla su rechazo a la ultraderecha y exhibe sintonía «estratégica» con Meloni
El presidente y la primera ministra, un referente para Vox, reivindican la colaboración
Pedro Sánchez y Giorgia Meloni, durante su reunión ayer en Roma. RICCARDO ANTIMIANI
«Querida Giorgia». Pedro Sánchez y la primera ministra italiana, la dirigente de la extrema derecha Giorgia Meloni, no ofrecieron ayer una rueda de prensa abierta a preguntas al término de la reunión que ambos protagonizaron en el palacio Chigi de Roma, pero tanto el presidente español como su anfitriona se afanaron en ofrecer una imagen de sintonía en defensa de los intereses comunes que enlazan desde hace siglos a ambos países y ante los retos presentes y futuros de Europa en el mundo.
No se trató sólo de lo esperable —que se orillaran las divergencias más acusadas en atención a la diplomacia y «los lazos» que «siguen vivos», en expresión de Sánchez—, sino de los calculados gestos de complicidad intercambiados.
El presidente dispensó a su interlocutora ese apelativo afectuoso, el «querida Giorgia», en el marco de una declaración institucional en la que atribuyó a la presión hispano-italiana en plena pandemia la conquista de los fondos Next Generation —entonces estaba al frente del Gobierno transalpino Mario Dragui—, subrayó el carácter «estratégico» de sus relaciones y llamó «a compartir para competir mejor» siendo así «más fuertes» en la UE y más allá de ella.
La aludida preludió al mandatario socialista felicitándose de la cercanía histórica de los dos estados y dirigiéndole una nítida declaración de intenciones: Italia está «lista y a la orden» para continuar cooperando con España.
La audiencia de Sánchez en el palacio gubernamental de la tercera economía más potente de la Unión, dentro de su gira para presentar los objetivos de la presidencia europea que España asumirá el 1 de julio, despertaba un interés tan evidente como morboso dada la lejanía ideológica que separa al secretario general del PSOE de la jefa de Hermanos de Italia. Pero los intereses compartidos —baste el ejemplo de que las exportaciones españolas a Italia rondan los 30.000 millones— pesaron más, hasta el punto de hacer llamativa la calidez con que Sánchez y Meloni remarcaron lo «fundamental» que resulta su eje en el proyecto europeo. A diferencia de España, Bruselas mantiene congelados 19.000 millones de sus fondos para Italia a la espera de nueva evaluación.
«Muy alineados»
Que la intención de la cita era apuntalar puentes y no dinamitarlos con la carga explosiva de la ideología se evidenció desde que Sánchez situó a España e Italia «muy alineados» con los retos de la presidencia europea del segundo semestre de este 2023. Comenzó con el pacto pendiente en materia de migración y asilo. Consciente de que la inspiración de su política de extranjería no es la de la líder ultraderechista, Sánchez identificó la inmigración irregular como un «problema europeo» cuya proyección rebasa las fronteras nacionales y que requiere, en consecuencia, «una respuesta» común con un acuerdo «político» de los Veintisiete y «más recursos económicos».
Ambos abogaron por un pacto «equilibrado» que supere la visión «interior» para expandirla a lo «exterior» incidiendo en el trabajo con los países de origen para evitar que sus nacionales se lancen a la desesperada a la rutas migratorias e introduciendo el factor de «la solidaridad». Hubo tres coincidencias más: el compromiso con la reconstrucción de Ucrania; la defensa de unas relaciones comerciales abiertas frente al proteccionismo chino; y la apuesta por una reforma de las reglas fiscales europeas que no ahogue a las endeudadas España e Italia.