Tuvo un rifirrafe con Cuerpo
Sumar no saca rédito a sus logros en Economía
Díaz gana el pulso al PSOE en la reducción de la jornada laboral, pero afronta un duro trámite

La vicepresidenta Yolanda Díaz. Javier Lizón
Los pulsos entre el ministerio de Trabajo y el de Economía han sido recurrentes en las dos últimas legislaturas. El primero, controlado por Yolanda Díaz desde enero de 2020, ha sido la plataforma desde la que Unidas Podemos, y, ahora, Sumar, han desplegado las políticas más emblemáticas de sus programas electorales: la reforma laboral, subida del SMI o la reducción de la jornada laboral. Estas cuestiones siempre han provocado roces con Nadia Calviño y su sucesor en el cargo, Carlos Cuerpo, de perfiles más técnicos, y con la ministra de Hacienda,_María Jesús Montero, negociadora por el PSOE, en los que Díaz ha salido victoriosa. Pero no siempre ha podido rentabilizarlo electoralmente.La última de estas batallas la ha protagonizado la reducción de la semana laboral a 37,5 horas, recogida en el acuerdo que socialistas y magentas firmaron para pactar la investidura de Pedro Sánchez. Después de más de un año de retraso en su implementación y tras un rifirrafe entre la líder gallega y el ministro Cuerpo, en el que la representante de Sumar le llegó a calificar de «mala persona»_al entender que estaba «bloqueando» su medida estrella, ambos alcanzaron un acuerdo para que el texto vaya al Consejo de Ministros y de ahí a la Cámara baja sin cambios con respecto a lo pactado con los sindicatos y que, además, el anteproyecto se tramite por la vía de urgencia.Pero una cosa es el acuerdo con el PSOE para la toma en consideración en el Congreso y, otra bien distinta, las modificaciones que la iniciativa pueda sufrir durante su tramitación parlamentaria —los socialistas no renuncian a introducir enmiendas-, lo que podría restar alcance a la medida y minar la credibilidad de Díaz. Tampoco ayuda la aritmética parlamentaria, con Junts en rebeldía y Podemos examinando cada coma de cada decreto.Por todo ello, Yolanda Díaz ha abandonado la estrategia de no hacer ruido para mantener una estrategia de presión continuada hacia el socio mayoritario de la coalición.