El presidente de Estados Unidos reescribe desde Washington el guion de la legislatura española
La convulsión por un Trump sin freno coge a España sin un pacto Sánchez-Feijóo
Enfrentados a cara de perro por el devenir de la legislatura, tiene en común su postura sobre Ucrania

Feijóo, en el foro de los fabricantes de vehículos el jueves en Madrid.
El frenético primer mes del segundo Donald Trump en la Casa Blanca ha desatado un movimiento tectónico en el concierto internacional con dos aldabonazos de tal calibre —la aplicación de aranceles limitadores del libre comercio y, sobre todo, la insólita negociación con Putin para imponer la paz al país de Volodímir Zelenski prescindiendo de su voluntad y despreciando a la UE— que empequeñecen las cuitas nacionales. Este martes se prevé que el Congreso debata, forzado por Junts, una proposición no de ley para que Sánchez se someta a una cuestión de confianza llamada a evidenciar que el presidente ha perdido ya el aval de la mayoría que lo invistió hace 15 meses. El presidente y sus ministros están comenzando a agitar el miedo al lobo internacional como dique defensivo ante la erosión casera y ariete —el que les reportó óptimos réditos el 23-J— contra la supuesta indefinición frente a la ultraderecha de un Feijóo que asume la gravedad del escenario mundial, pero que ha acusado a Sánchez, también, de utilizarlo a conveniencia. «Si se habla de Trump, no se habla de Sánchez», definen en su equipo.
Mañana, víspera de un debate en la Cámara española aún hipotenso bajo el seísmo internacional, el jefe del Gobierno viajará por cuarta vez a Kiev para legitimar a Zelenski; pero esta vez no lo hará para apuntalarlo solo frente a Putin, sino también frente a un Trump que ha rehabilitado al jerarca ruso con una complicidad desconocida entre las dos potencias. La paz impuesta, la del reparto de la integridad física de Ucrania y de sus valiosas tierras raras, no puede premiar al agresor, coinciden en su respuesta el Gobierno y el principal partido de la oposición. Pero no consta que exista contacto alguno para encarar como Estado este período crítico entre Sánchez y Feijóo, que ya transitaron por la dana sin hablarse.
Tras semanas de perfil bajo, zaherido por un presidente que le exige aislar a Vox como integrante del «caballo de Troya» que busca «destruir» la UE desde dentro, atacado, por europeísta al uso, por los de Santiago Abascal y con su militancia más radicalmente heterodoxa atraída por los cantos de sirena del trumpismo, Feijóo ha optado por sacar cabeza, en especial tras la videoconferencia del martes con sus pares del PPE. Aunque los suyos siguen creyendo que lo tentable políticamente es explotar la ofensiva contra un Sánchez debilitado por los sumarios por corrupción y su fragilidad parlamentaria, el jefe de filas del PP ha buscado resituarse con un discurso amparador también de Zelenski; trabajándose sectores —el agrario— temerosos de la nueva política arancelaria de EE UU, con la convicción en los suyos de que Abascal puede «hacer que pinta» ligando su suerte política a Trump al calor de los sondeos, pero que eso la mayoría del electorado español no lo compra; y siendo él quien le exige al presidente que comparezca en el Congreso para que dé cuentas de los «desafíos» de España en materia de «seguridad y autonomía estratégica». Si Sánchez quiere de verdad respaldo, que lo pida, reclama el primer partido del país. El PP contraataca con una iniciativa delicada para Sánchez sabedor de que los socios a la izquierda, Sumar incluida, se niega a incrementar gasto en Defensa.