El Gobierno defiende a los violentos y la policía denuncia que le ató las manos
Los sindicatos censuran el dispositivo porque no hubo «órdenes claras» para actuar

Javier Bardem, durante la entrega de los Emmy.
Horas después de que el centro de Madrid se convirtiera en un campo de batalla en el que fue imposible celebrar la etapa final de La Vuelta, en el cuartel general de las Unidades de Intervención de la Policía (UIP, antidisturbios) en el popular barrio de Moratalaz esta madrugada había una mezcla de cabreo, indignación, rabia y, sobre todo, mucho desánimo. Y más después de escuchar a primera hora de este lunes a Fernando Grande Marlaska defendiendo que el operativo policial del domingo en la capital de España fue un «dispositivo absolutamente suficiente» y destacar que en los graves disturbios él lo que «vio» en realidad fue la «imagen de una sociedad comprometida con la paz en el mundo» y contra el «genocidio que está cometiendo el Estado de Israel». En las antípodas del análisis del ministro del Interior que el domingo solo «vio» a una «inmensa mayoría pacífica de ciudadanos» ejerciendo sus derechos y a la Policía Nacional viviendo un «día complicado» estuvo el análisis este lunes de su propia gente, que cree que ese «despliegue con criterios políticos» puedo acabar muy mal. «Más de 100.000 manifestantes; disturbios violentos perfectamente organizados y simultáneos en Callao, Atocha, Cibeles y Virgen del Puerto; presencia de elementos radicales en el centro de Madrid desde media mañana.22 compañeros heridos.. ¿¡Y solo dos detenidos!?. Esas cifras son inauditas y te dan una instantánea del desastre de operativo que nos han hecho diseñar», denunció abiertamente uno de los mandos que ha coordinado a los casi 2.000 agentes desplegados este domingo en Madrid, entre los 800 antidisturbios, 400 guardias civiles y cerca de 700 agentes municipales. Faltaron efectivos, pero, sobre todo —denuncian los agentes afectados— faltaron órdenes de realizar «labores preventivas». Según mandos de la propia UIP, aun con ese «despliegue insuficiente» se podría haber «garantizado la celebración» de la etapa «restringiendo las protestas» o «cambiándolas de ubicación» por orden de la Delegación del Gobierno, que en ningún momento, sin embargo, se planteó prohibir que los militantes pro-palestinos no pudieran acceder a las cercanías del recorrido por motivo de seguridad. Recuerdan desde los antidisturbios que el delegado del Gobierno en los últimos meses sí que ha hecho uso sin problema de los preceptos legales que le permiten limitar el artículo 21 de la Constitución sobre la libertad de manifestación o incluso prohibir las protestas «cuando existan razones fundadas de alteración del orden público, con peligro para personas o bienes». Lo ha hecho «profusamente» —remarcan— a la hora de «prohibir sin contemplaciones» las convocatorias, sobre todo de Vox. Pero más allá de los errores en el dispositivo, entre los agentes también reinaba una sensación de «desamparo». Las declaraciones de Marlaska felicitándose por la movilización que obligó a cancelar la etapa y que acabaron con policías heridos o las palabras de Pedro Sánchez «alentando» horas antes las protestas cayeron como un jarro de agua fría entre los agentes, que calificaron de «inédita» una situación en la que desde los más alto de su cadena de mando política se «apoye abiertamente» a los alborotadores.