Diario de León


El novio de Ayuso: «O me voy de España o me suicido». El juez: «No se lo recomiendo»

González Amador acusa a García Ortiz de «reventar sus derechos» en el juicio del Tribunal Supremo. «El fiscal general me convirtió en el delincuente confeso del reino», acusa

Alberto González Amador llega al Tribunal Supremo, ayer.

Alberto González Amador llega al Tribunal Supremo, ayer.Zipi

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Mateo Balín/Melchor Sáiz-Pardo
Madrid

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«El fiscal general me mató públicamente, reventó mis derechos; soy el delincuente confeso del Reino de España, me doy por condenado en mi causa por delitos fiscales. Solo me quedan dos caminos: o me voy de España o me suicido». Alberto González Amador, novio de Isabel Díaz Ayuso, terminó su declaración como testigo en el juicio contra el fiscal general asegurando que la filtración que atribuye a García Ortiz le ha «destrozadfo la vida». Así que «o me voy de España o me suicido», dijo. «No le recominedo ninguna de las dos cosas», le respondió el presidente del tribunal, Andrés Martínez Almeida.

El punto de no retorno para Alberto González Amador comenzó la mañana del 14 de marzo de 2024. Ese día la Fiscalía publicó una nota de prensa para desmentir el «bulo» propagado en redes sociales la jornada anterior por Miguel Ángel Rodríguez, jefe de Gabinete de Isabel Díaz Ayuso, y que algunos medios amplificaron. Una información que detalló que el fiscal del caso ofreció un pacto al abogado del empresario por la comisión de dos delitos tributarios, pero que «por órdenes de arriba» finalmente se retiró, cuando en realidad fue al revés.

Ese comunicado del Ministerio Público recogió punto por punto los hitos del intercambio de correos entre Carlos Neira, el letrado «parco y serio» de la pareja de Ayuso, y el fiscal de delitos económicos Julián Salto, quien se ocupaba entonces de la denuncia de Hacienda. La franja de estas comunicaciones transcurre entre el 2 de febrero y el 12 de marzo de 2024. Y la nota de prensa que distribuyó el Ministerio Público, en la que se implicó directamente el fiscal general del Estado para defender el honor de su departamento, tenía como objetivo desmentir los «infundios» de Miguel Ángel Rodríguez. Unas reflexiones que fueron difundidas antes de que se produjera la presunta revelación del correo reservado del caso el 13 de marzo, por el que fue procesado como presunto autor Álvaro García Ortiz, hoy en el banquillo del Tribunal Supremo bajo amenaza de hasta seis años de prisión. «Estoy muerto jurídicamente desde que se sacó la nota de prensa. Desde entonces mi vida gira en torno a que soy un delincuente confeso y todo lo que me rodea también. Me han arrastrado, me han pulverizado por toda España como delincuente», relató este martes González Amador en la vista oral. «No hay derecho a que no me hayan tratado como un ciudadano normal. Ojalá hubiera pactado 144.000 euros y ocho meses (de cárcel) porque me he gastado solo en abogados el doble en dos años», añadió a preguntas de la defensa de García Ortiz, ejercida por la Abogacía del Estado. «Una obsesión» La pareja de Ayuso puso mucho empeño en que el tribunal de siete magistrados escuchara las consecuencias personales y profesionales de su caso. Hasta convertirse en una «obsesión» diaria que ha derivado en un futuro procesal bastante negro, procesado en los juzgados de Madrid por dos delitos fiscales valorados en 350.000 euros y otro de falsedad documental, por el que le piden hasta cinco años de prisión. También está inmerso en una segunda causa por presunta corrupción en los negocios y administración desleal de sus empresas de consultoría sanitaria.

Justo al final de su declaración en el juicio contra el fiscal general, González Amador ha pedido permiso al tribunal para, a modo de alegato, dejar constancia del «daño» que se le ha hecho, algo que ya había contado al tribunal en su testifical. «Que quede claro que, a mí, la filtración del fiscal general del Estado me ha destrozado la vida. Lo que puede pasar es: o me voy de España o me suicido», porque «el dinero que llevo gastado, el destrozo personal...», ha señalado González Amador. Justo cuando estaba terminando, el presidente del tribunal le ha interrumpido para decirle: «No le recomiendo ninguna de las cosas, en todo caso hable con su abogado que será el que mejor le pueda asistir». Varios magistrados se han mirado entre ellos y el presidente ha dado paso de inmediato a un receso.

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