Un camarero que esquivó la muerte en el accidente en Angrois en 2013 muere en Adamuz
Rosas rojas en el stand vacío de la compañía de servicio de trenes de alta velocidad Iryo debido al accidente ferroviario de Adamuz durante la jornada inaugural de la Feria Internacional del Turismo de Madrid (Fitur) este miércoles.
Una de las dos personas que este miércoles quedaban por identificar del accidente de Adamuz es el camarero del Alvia, Agustín Fadón, a quien su cuñado, Javier Pacio, llevaba tres días buscando desesperadamente, al tiempo que mostraba en todos los medios la foto de su familiar. Pacio confirmó que, casi 72 horas después de la tragedia, la Guardia Civil le comunicó oficialmente la tarde de este miércoles que uno de los 43 fallecidos en el accidente ferroviario es el de su cuñado, Agustín, de 39 años, uno de los tripulantes del Alvia siniestrado, donde trabajaba en la cafetería situada en el vagón número 3. Tanto Javier como su esposa María del Mar, hermana del fallecido, y sus padres, aguardaban noticias de Agustín desde el mismo domingo por la noche cuando conocieron la magnitud del accidente. La historia de Agustín ha trascendido especialmente al conocerse que esquivó la muerte en el accidente de tren de Angrois de julio de 2013 (80 fallecidos) al cambiar el turno a un compañero que falleció en aquel suceso.
Pecio, María del Mar y los padres de Agustín se desplazaron el lunes desde Leganés, en Madrid, donde residen, hasta Córdoba, en concreto al centro cívico que las autoridades han habilitado para atender e informar a los familiares de las personas sin identificar. Allí llevaban desde el lunes por la mañana. "Fuimos los primeros en llegar", como recordaba este pasado martes Javier, quien con toda la paciencia del mundo atendió a cadenas de televisión, emisoras de radio y prensa escrita para contar su caso y mostrar una fotografía de su cuñado, un retrato de Agustín sonriendo que se ha hecho viral.
Javier relató la desesperación de él y de su familia al no recibir ninguna información sobre el paradero de Agustín, padre de dos niños pequeños. Confesaba con dolor que ya se había hecho a la idea de no volver a ver vivo a su cuñado, pero que necesitaba tener la confirmación del fallecimiento para "acabar con una incertidumbre" que, decía, les estaba matando en vida. Esa incertidumbre ha terminado este miércoles por la tarde con un escueto mensaje de Javier a este periódico: "Ya sí es oficial", en referencia a la muerte e identificación de su cuñado."Son momentos muy duros", ha dicho.
"Debería ser él"
Durante la mañana de este miércoles Javier había escuchado que los equipos forenses y la Guardia Civil habían logrado identificar a 41 de las 43 víctimas mortales del Alvia y el Iryo accidentados. Él mismo confirmaba que una de las dos personas que quedaban por identificar debería ser su cuñado, pero a esas horas aún no tenían ninguna información oficial.
La confirmación llegó poco antes de las 5 de la tarde. Están rotos por dentro y con una tristeza infinita, pero al menos ya pueden enterrar a Agustín, y de alguna forma cerrar esta primera etapa del duelo. Como él mismo decía el martes : "Lo peor es vivir en esta incertidumbre que sólo nos trae más angustia y más ansiedad".
Javier, además, decía no entender "la falta de información" y las dificultades para identificar a su cuñado, teniendo en cuenta que Agustín era uno de los "cuatro o cinco" tripulantes que viajaban en el Alvia y llevaba puesto el uniforme. Javier había colgado la foto de su cuñado en redes sociales y se pasó todo el martes mostrándola en televisión. "Mide 1,70, es moreno, tiene barba...", describía intentando buscar alguna pista.
Se da la circunstancia de que Agustín esquivó una muerte casi segura en el accidente de la tristemente famosa curva de Angrois, en Santiago de Compostela, donde perecieron 80 personas el 24 de julio de 2013, al salirse el tren de la vía por exceso de velocidad. Desde entonces se sentía afortunado, aunque últimamente, según cuenta María del Mar, su hermano había manifestado inquietud y hasta miedo por el estado de las vías. "Mi hermano llegaba y decía: 'Cómo botaba hoy el tren, he pasado hasta miedo', y varios compañeros de Javier "compartían esa sensación".
La familia ha manifestado su deseo de incinerar los restos de Agustín en Córdoba antes de trasladarlos a Madrid.