Adamuz desnuda una red disparada en pasajeros con una inversión escasa
La tragedia obliga al Gobierno a revisar el modelo de alta velocidad, la joya de la corona

Trabajos de retirada de las vías de los vagones del Iryo, ayer, en Adamuz (Córdoba).
En 2011 China sufrió el único accidente en la alta velocidad de su —corta— historia: un tren detenido en la provincia de Zhejiang fue embestido por otro y murieron cuarenta personas. La confianza en el tren se hundió y el Gobierno asiático suspendió todos los nuevos proyectos, inspeccionó a fondo cada centímetro de vía y rebajó la velocidad en 50 km/h en todos los trayectos. Hoy se cumple una semana del fatídico accidente de Adamuz y, por muy lejos que se sitúe la cultura china de la española, el suceso aquí también ha hecho mella en la confianza ciega depositada en el tren y el Ejecutivo (a través de Adif) ha rebajado la velocidad de varios tramos de vías ante la insistencia de los maquinistas sobre «desperfectos» y «baches». Pero, a diferencia de lo que hicieron los mandatarios chinos, en España la inversión y los nuevos proyectos siguen adelante.
«El incremento de la inversión en infraestructuras ferroviarias es un debate a abrir y a reflexionar, claro que sí», aseguró el ministro de Transportes en la larga rueda de prensa que ofreció el miércoles, tres días después del accidente, aunque pidió que dicho análisis se separe del mismo, ya que, a su juicio, «no ha sido el mantenimiento ni la falta de controles» lo que está detrás del siniestro.
Las inversiones seguirán adelante, sobre todo en renovación de líneas y nuevas aperturas: el ministro confirmó que el plan de hacer llevar el AVE a Barcelona en dos horas a una velocidad de 350 km/h sigue en marcha. De hecho, solo unas horas después del doble descarrilamiento (en una rueda de prensa convocada a las 00.45 de la madrugada), Puente hizo hincapié en que la línea Madrid-Andalucía acababa de ser renovada en su totalidad tras una inversión pública de 700 millones, tratando de alejar así las dudas sobre el estado de la infraestructura.
Estos 700 millones forman parte de los 16.514 que Seopan, la asociación de constructoras y concesionarias de infraestructuras, calculó en su último informe sobre el estado de las infraestructuras que están planificadas en el horizonte de ejecución 2024-2035 para «renovar, mantener y expandir» la red de transporte, hacer frente a la creciente demanda y resolver los problemas de congestión de la carretera. Según sus previsiones, los corredores renovados y planificados proporcionarán unos beneficios sociales de casi 60.000 millones en 30 años, por el ahorro de costes de operación para el sistema y el ahorro en costes ambientales y sociales.
Estos 16.000 millones de inversiones planificadas son la cara bonita del desembolso público: las aperturas, inauguraciones de líneas o renovaciones. Sin embargo, los expertos consideran que la inversión debería estar más enfocada en la cara que no se ve: el mantenimiento. No solo porque la alta velocidad española ya empieza a tener una edad (el corredor Madrid-Sevilla se inauguró en 1992 y por eso ha sido el primero en renovarse), sino por cómo se ha disparado exponencialmente la demanda desde la liberalización de la alta velocidad en 2021 con la entrada de Ouigo e Iryo. Por líneas por las que antes pasaban seis trenes al día ahora lo hacen treinta. La red ha pasado de dar servicio a 14 millones de pasajeros de alta velocidad antes de abrir el mercado a la competencia, a rozar los 40 en 2024 —último año completo con cifras oficiales-.
La demanda se ha más que triplicado, pero la inversión no la ha acompañado al mismo ritmo: ha crecido de 2.400 millones en 2020 a 3.470 en 2024, pero aún no se ha recuperado el nivel inversor de hace diez años, según datos de la Fundación BBVA y el IVIE (Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas). Pero el problema no es solo cuánto se gasta, sino en qué se gasta. Hace veinte años la red era muy reducida, pero el volumen de tráfico también era infinitamente menor. En esos años fue cuando más se invirtió en ella, precisamente para expandirla hasta casi el nivel que tiene hoy: entre el año 2000 y 2008 se inauguraron corredores clave y se desplegó gran parte del entramado ferroviario. Con la crisis financiera la inversión se desplomó y, tras la pandemia, se fue recuperando el ritmo precrisis. Es decir, la inversión ha crecido, pero la red es mucho más exigente que hace cuatro años. Hay que tener en cuenta que el dato de inversión en la red ferroviaria incluye los Cercanías y trenes de media y larga distancia.
Si se pone el ojo solo en la alta velocidad, la inversión en 2024 fue de 2.460 millones, con un ritmo ascendente. Pero la mitad de lo que se invertía en 2011. Aunque el gasto de mantenimiento ha aumentado de 2020 a 2024, esto tiene su explicación en esa subida del valor patrimonial, empujado ahora por el avance de las operadoras desde la liberalización de las vías. En diez años la red ha crecido de 840 a 4.000 kilómetros de vía, por lo que el valor total de la infraestructura se ha disparado un 15%: de 15.500 a 18.000 millones. Y ese patrimonio necesita un mantenimiento que no se ha multiplicado en la misma proporción.
Matilde Mas, directora de Proyectos Internacionales del IVIE, explica a este periódico que la vida útil de la infraestructura ferroviaria está en el entorno de los cuarenta años, pero a eso habría que restar el pico de demanda que se ha producido desde 2021 con la entrada de competidores. Y recuerda que el desplome inversor durante los años de crisis financiera ha supuesto «daños difíciles de recuperar».
Menos que en Europa
Pese al aumento del tráfico, los datos europeos muestran que la red en España no está saturada, como se ha sugerido estos últimos días. El número medio de trenes diarios por kilómetro de alta velocidad es de sesenta en España, frente a los cien en Francia o los 250 en Italia.
Así lo detalla Andrea Giuricin, profesor de Gestión del Transporte en la Universidad de Milán, que hace hincapié en que la red está «poco utilizada aún» y en que la inversión ha crecido, pero no a la misma velocidad que la expansión de la red. Además, subraya que los ingresos de Adif han aumentado desde la llegada de nuevos operadores porque obtiene unos peajes mayores que se pueden usar en el mantenimiento de las líneas.
No hay que perder de vista que el accidente de Adamuz ha sido una tragedia sin precedentes en la alta velocidad española. Es más, con datos de Eurostat, España es uno de los países europeos donde menos accidentes de tren se registran al año. La catástrofe del pasado domingo ha sido el primer accidente de tal envergadura desde el gran siniestro ferroviario del Alvia de Angrois (Galicia), que en 2013 se cobró la vida de ochenta personas. En alta velocidad se trata del primero con víctimas mortales desde que en 1992 se inaugurara la primera línea entre Madrid y Sevilla. Con datos, en el conjunto de la UE se registraron 1.507 accidentes en 2024, de los que solo el 3,8% fueron en España, lo que equivale a 57 accidentes ferroviarios frente a los 366 de Alemania o los 140 de Francia.