Yolanda Díaz batalla cuerpo a cuerpo con las manos derechas de Sánchez
El último choque por el registro horario augura la continuidad del pulso con el nuevo vicepresidente

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz y Carlos Cuerpo, ministro de Economía y vicepresidente primero.
Yolanda Díaz se precia de haber librado siempre las batallas que consideraba ineludibles para la causa de sus políticas tanto si debía torcer el brazo al presidente Sánchez como si tenía enfrente a quien fue su amigo y jefe de filas de Podemos en el Gobierno, el exvicepresidente segundo Pablo Iglesias. De sus tiras y aflojas con el primero queda una relación de la que ella se sigue congratulando y un Ejecutivo de coalición aún en pie, aunque sea en precario; de sus disputas con el segundo, afloradas en el corazón del Consejo de Ministros, solo resta ya el sabor de la ceniza. Desde que pisara por primera vez La Moncloa en enero de 2020, Díaz ha ido en un 'in crescendo' en sus pulsos dentro del Gobierno, focalizados en la bancada socialista una vez asumió el liderazgo —hoy institucional, no orgánico, de Sumar— y con las vicepresidentas primeras como contrincantes en el afán por que la singularidad del socio menor no se diluya. El ascenso como mano derecha de Sánchez en el Ejecutivo del ministro de Economía, Carlos Cuerpo anticipa una continuidad en los rifirrafes no solo por los precedentes. También, o sobre todo, porque Cuerpo se convierte en la máxima autoridad del Gobierno tras Sánchez con un conflicto vigente que viene de atrás y que el severo dictamen en contra del Consejo de Estado acaba de reabrir en canal: el del registro del tiempo de trabajo, activado por Díaz tras encallar en el Congreso la ley para la reducción de la jornada laboral. El veto de Junts fue decisivo, pero para entonces ya se habían evidenciado los roces con Cuerpo por la implantación de la medida. Fueron los días en los que Díaz, que ha llegado a definir a su compañero en el Consejo de Ministros como un «neoliberal", vio en él a «casi una mala persona» por los recelos de éste a su proyecto legislativo estrella. El aviso de la titular de Trabajo de que no piensa ceder con el registro horario augura que la guerra proseguirá, aunque con distintos galones. Ya no será solo entre ministros, sino entre el flamante nuevo vicepresidente primero y la vicepresidenta segunda. Interlocutora directa con Sánchez cuando las discusiones se han torcido más de lo debido en la coalición y al frente del insólito plante en el Consejo con el que hace diez días Sumar arrancó a los socialistas un real decreto ley específico sobre vivienda —condenado, al menos hoy, a no prosperar en el Congreso-, Díaz sí se las ha tenido tiesas con las otras dos predecesoras de Cuerpo en la vicepresidencia primera: Nadia Calviño y María Jesús Montero. Con la ahora presidenta del Banco Europeo de Inversiones, otra liberal a sus ojos, la ministra de Trabajo batalló por la reforma laboral, la cuantía del subsidio de desempleo, los ritmos de subida del Salario Mínimo Interprofesional o la intervención en vivienda. «Debates intensísimos", describió Díaz, que también los ha protagonizado con Montero. El último y más sonoro, saldado con una solución salomónica, giró sobre la exención a los perceptores del SMI de tributar en el IRPF. Al fondo de las distintas confrontaciones late una constatación: que ni Díaz ni los suyos han tenido, o tienen, intención de irse del Ejecutivo, el bastión al que se aferran ante su incierto porvenir electoral y pese al riesgo de que Sánchez termine devorándolos en las urnas.