Andalucía define hoy el terreno de juego de Sánchez y Feijóo para las generales
Moreno arriesga la mayoría absoluta y el líder del PP la posibilidad de ganar autonomía sobre Vox.Montero centró su campaña en la sanidad pública, el único flanco donde los sondeos detectan desgaste del PP

Moreno se toma un aperitivo con unos amigos en los Baños del Carmen, ayer.
Andalucía será este domingo la última etapa del vía crucis que el PP ha diseñado para tratar de restar legitimidad a la decisión de Pedro Sánchez de no convocar elecciones generales hasta que la legislatura agote legalmente sus plazos en 2027 pese a su imposibilidad de aprobar Presupuestos y el desmoronamiento del bloque de investidura. Después de los comicios anticipados de Extremadura, Aragón y Castilla y León, donde los populares se alzaron con una victoria clara pese a fracasar en el intento de no depender de Vox, Génova llega a la cita más importante del ciclo con un objetivo que va más allá de la reelección de Juanma Moreno: demostrar que Sánchez gobierna sobre un país que no le responde en las urnas.
En ninguna otra comunidad autónoma el PP ha partido de una posición tan favorable. Las encuestas sitúan a Moreno entre 55 y 57 escaños —la mayoría absoluta está en 55— frente a los 27-30 que se atribuyen al PSOE de María Jesús Montero, por debajo o en el límite de los 30 que obtuvo Juan Espadas en 2022, ya entonces el peor resultado de la historia del partido en Andalucía. Y pese a los esfuerzos de los socialistas por circunscribir el resultado al marco regional la lectura nacional del 17-M será inevitable.

La candidata del PSOE a la Presidencia de la Junta, María Jesús Montero (c), ha visitado la librería 'Botica de lectores' de Sevilla este sábado de reflexión.
En Andalucía, el PSOE no presenta un candidato cualquiera: Montero ha sido la mano derecha de Sánchez desde 2018 —vicepresidenta, ministra de Hacienda, vicesecretaria general del PSOE— . El Ejecutivo y la dirección federal del partido se ha volcado como en ninguna otra campaña autonómica de este ciclo. En la recta final, a la vista de los negros augurios, sumó un acto en Granada que no estaba previsto. En total, incluido el cierre en Sevilla, habrá participado en cuatro mítines solo durante la campaña.
Salvo sorpresas — y los socialistas se han afanado en recordar estos días el chasco de Javier Arenas en 2012 o la decepción de Susana Díaz en 2018 cuando no se cumplieron los sondeos— todo ese esfuerzo parece haber sido en vano. En el Gobierno, en todo caso, defienden que tratar de extrapolar los resulta Para Alberto Núñez Feijóo, el 17-M tiene una lectura distinta pero igualmente decisiva.
Moreno ha construido durante cuatro años un modelo político que en Génova observan como un laboratorio para las generales: centro-derecha moderado, gestión sin estridencias, marca personal por encima de las siglas y distancia explícita con Vox. Ha rechazado la «prioridad nacional» de Abascal, se ha desmarcado de los pactos de sus correligionarios y ha hecho una campaña de perfil bajo, sin apenas dirigentes nacionales —solo Feijóo ha pasado por Andalucía-, apostando por una conversación con el electorado que contrasta con la polarización que domina la política española. Si revalida la mayoría absoluta, apuntala la tesis de que el PP puede gobernar desde la moderación. Si no la alcanza y se ve forzado a pactar con Vox, Andalucía se suma a la lista de Extremadura, Aragón y Castilla y León, y la excepción que representaba desaparece del mapa.
La frontera entre un escenario y el otro es estrecha. El margen puede decidirse por unos pocos miles de votos en cuatro provincias —Córdoba, Málaga, Huelva y Cádiz— donde se disputarán los últimos escaños. Consciente de la situación, Moreno ha abandonado en los últimos días el tono de tranquilidad que ha marcado toda su campaña para pedir a su electorado que no se confíe ni dé por sentada la victoria. Montero ha centrado su campaña en la sanidad pública, el único flanco donde los sondeos detectan un desgaste real de Moreno, agudizado por la crisis de los cribados de cáncer de mama. Ha lanzado compromisos concretos —prohibir las listas de espera por ley, garantizar cita con el médico de familia en 24 horas, un plan de 100.000 viviendas públicas— e intentado convertir las elecciones en un plebiscito sobre la defensa de los servicios públicos frente a lo que define como una privatización silenciosa.
"Se puede privatizar la sanidad con insultos como Ayuso o al chita callando como hace Moreno. Pero el resultado es el mismo: el negocio privado", resumió Sánchez en su primera incursión en la campaña. Pero el marco no ha cuajado como esperaban. Los datos del Centra revelan un problema que no es de programa sino de candidata: Montero genera rechazo en el 56% de los encuestados y entusiasmo solo en el 24,9%. Moreno, en cambio, transmite tranquilidad o confianza al 50%. La marca Juanma sigue siendo el principal activo del PP y el principal obstáculo del PSOE.

El candidato de Vox a la Presidencia de la Junta, Manuel Gavira, ha caminado por el paseo marítimo de Cádiz y ha almorzado con su familia este sábado de reflexión.
La cita de este domingo es también relevante para Santiago Abascal. Servirá para confirmar si el gatillazo de Vox en Castilla y León fue un mero accidente o marcó el principio de una tendencia. Si Moreno alcanza la absoluta, la ultraderecha queda fuera de la ecuación. Si no, tendrá en su mano imponer condiciones como las que ya ha arrancado a María Guardiola o Jorge Azcón. Moreno ha utilizado precisamente ese temor como su principal argumento de movilización. "Mucha gente me dice: que no entre Vox en el Gobierno. Y yo les digo: pues está en tus manos", ha repetido.

Antonio Maíllo (c), candidato de Por Andalucía, aprovecha la jornada de reflexión este sábado para pasear por el barrio sevillano de San Julián y realizar algunas compras cotidianas, además de intentar recuperar la voz, afectada tras los actos públicos.
En el otro extremo, Por Andalucía, con Antonio Maíllo al frente, y Adelante Andalucía, con José Ignacio García, compiten divididas por un electorado que en 2022 ya era escaso. Las encuestas les asignan entre cuatro y siete escaños a cada una, pero su fragmentación no solo les debilita en Andalucía: proyecta sobre el conjunto de la izquierda española una imagen de división que complica la aritmética que Sánchez necesitará cuando llegue, si nada cambia, dentro de un año, el momento de las generales.