Diario de León

Sánchez arranca la campaña del 2027

El PSOE cierra filas con su líder en un intento de espantar el fantasma del fin de ciclo político.Sólo Emiliano García-Page y la alcaldesa de Palencia reclaman elecciones anticipadas en el Comité Federal

Pedro Sánchez  (c), y la vicesecretaria general, María Jesús Montero (d), durante la reunión del Comité Federal del Partido, este sábado.

Pedro Sánchez (c), y la vicesecretaria general, María Jesús Montero (d), durante la reunión del Comité Federal del Partido, este sábado.Chema Moya

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Paula de las Heras
Madrid

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Si alguien esperaba que Pedro Sánchez ofreciera a los dirigentes socialistas reunidos ayer en Ferraz nuevas explicaciones o argumentos frescos, se equivocó. El presidente del Gobierno se presentó ante el comité federal del partido, cinco días después de que el Tribunal Supremo condenara a 24 años de prisión al que fuera su mano derecha entre 2017 y 2021, José Luis Ábalos, con un discurso prácticamente idéntico al que pronunció el miércoles en el Congreso. Acusó a la oposición de dibujar la imagen de un Ejecutivo carcomido por la corrupción que no responde a la realidad, alegó que la continuidad de la legislatura se justifica por los «avances» que aún están por venir y, sobre todo, esgrimió que lo que hay es mejor que la suma de PP y Vox no solo por las propuestas políticas de unos y otros sino porque con ellos volvería la «corrupción sistémica».

Sánchez alegó que solo hay en realidad un caso de corrupción contra el que ya tomó todas las medidas necesarias, el protagonizado por Ábalos y Cerdán; negó que haya habido financiación irregular en el partido; aseveró que su hermano y su esposa son víctimas inocentes de una cacería de la derecha y la ultraderecha, y sostuvo que la causa contra el José Luis Rodríguez Zapatero —al que sigue defendiendo— está aun demasiado verde y no afecta al Ejecutivo. Es más, lejos de dejar entrever que, como piensan muchos en el partido, conocer sus negocios y el contenido de su caja fuerte le haya supuesto una decepción, llamó a no permitir que la derecha aproveche el «ruido judicial» para impugnar su legado político y sostuvo que la filtración de sus datos es “un atropello de enorme gravedad impropio de una democracia”.

En una intervención concebida como pistoletazo de salida al próximo ciclo electoral, la primera ante el máximo órgano de decisión del partido desde la celebrada tras la entrada en prisión preventiva de Santos Cerdán hace un año, el presidente adujo además, que los socialistas tienen razones para sentirse «orgullosos» porque España vive «uno de los mejores momentos de toda su historia democrática» gracias a su proyecto de «transformación».

«Tengamos presente que esto no va de nosotros ni de ellos sino de millones de españoles cuyo bienestar depende del Gobierno. Por eso vamos a defender la verdad, vamos a limpiar donde haya que hacerlo y vamos a gobernar —arengó— para que este país avance».

En realidad, habría dado igual lo que dijera. Por lo menos, a efectos de lo que en el encuentro pudiera suceder. Otra cosa es la procesión que va por dentro. Las cartas estaban echadas de antemano y ya se percibió a la entrada, donde los principales líderes territoriales, en su mayoría exministros, hicieron fila para exhibir ante las cámaras y los micrófonos de los medios un indubitado cierre de filas. «A los socialistas ni nos callan ni nos obligan», defendió en esta línea el presidente de la Generalitat, Salvador Illa. «Hay una labor que no se puede ver opacada porque algunos se han servido del poder que les daban sus responsabilidades para lucrarse con actitudes reprobables», proclamó la líder de Aragón, Pilar Alegría. «La gente me para en la calle y me dice: ‘Dile a pedro Sánchez que aguante, dile que estamos con Begoña», esgrimió la ministra de Ciencia y líder del PSPV, Diana Morant.

Sólo el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, que lleva un año reclamando elecciones y ocho denunciando las cesiones a los separatistas se desmarcó abiertamente de la línea oficial y argumentó que este es «el peor momento de la historia reciente de España» y que de haber ido a las urnas entonces, la formación estaría mejor. Ya a puerta cerrada, ante unos compañeros de partido que le acusan de hacer el caldo gordo a la derecha, reprochó la falta de «autocrítica» y advirtió: «Cuando una organización se siente agredida hace como el ojo: cuando le acercas el dedo se cierra, pero eso te impide ver».

La réplica se la dio, antes que Sánchez, el ministro y líder de los socialistas madrileños Óscar López: «Lo que piensan abrumadoramente los militantes del PSOE es que siga este Gobierno ¿Quiere eso decir que se son pelotas cobardes? No, son gente que no se chupa el dedo». El propio jefe del Ejecutivo se lanzó ya en su discurso de cierre a la yugular, aun sin mencionar nombres. «Quienes ahora piden adelantar las elecciones son los que hicieron que Mariano Rajoy fuera presidente en 2016». «Ha sido un 20 a 1», resumía a la salida un miembro de la ejecutiva.

Algunos dirigentes admiten que su ánimo es mejorable, que sienten decepción y que temen un castigo electoral ante la acumulación de casos de frentes judiciales -el último, y más doloroso, el que afecta al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero- pero la mayoría asume que, ante el último largo de la legislatura toca escenificar unidad para espantar el temor a estar viviendo un fin de ciclo y son muchos los que admiten que las bases del partido, las mismas que en 2017 dieron la victoria a Sánchez en las primarias contra Susana Díaz, no les perdonarían si hicieran otra cosa. Entre los cargos locales, únicamente la alcaldesa de Palencia, Míriam Andrés (crítica habitual como Page), se salió del guion para advertir de que "el rey está desnudo".

Que nadie más iba a cuestionar la decisión de Sánchez de continuar la legislatura se daba por descontado. No ocurrió hace un año, en un comité federal sacudido por las acusaciones de acoso sexual contra Paco Salazar, tras la entrada en prisión de Santos Cerdán y menos podía suceder en este, con toda la artillería de la derecha apuntando a sus cabezas. Pero lo que sí hicieron algunos barones, entre ellos el presidente asturiano, Adrián Barbón, fue reclamar que en los meses que quedan hasta 2027 se presente efectivamente un proyecto de Presupuestos, después de tres años sin hacerlo, y de paso recordar que la propuesta de reforma del sistema de financiación que el Ejecutivo pretende sacar adelante después de alcanzar un pacto con Esquerra no contará con su apoyo a no ser que sea reformada. Porque Sánchez tiene que resistir, pero el resto también.

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