PP y Vox cierran in extremis su pacto para el Senado frente al PSOE y Frente Amplio
Feijóo sacrifica listas en tres provincias a cambio de la ausencia de Vox en seis circunscripciones

Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal en una foto en el Congreso del pasado 16 de octubre.
Fumata blanca en el Senado: Partido Popular y Vox llegaron este lunes a un acuerdo para contrarrestar el movimiento inicial de la izquierda en la Cámara Alta. El entendimiento que venían reclamando ambos partidos en la última semana se ha sustanciado en la retirada de hasta seis provincias por parte del partido de Santiago Abascal: Las Palmas, Santa Cruz de Tenerife, Cádiz, Valencia, Castellón y Baleares. Por su parte, los populares no presentarán candidatos en tres circunscripciones: Girona, Tarragona y Guipúzcoa. Con este pacto, la derecha pretende asegurarse una mayoría de tres quintos y decidir las cuatro vacantes que se liberarán en el Tribunal Constitucional durante la próxima legislatura.
Las conversaciones llegaron a buen puerto al mediodía, cuando los dos partidos destinados a ser la alternativa a un nuevo Gobierno de Pedro Sánchez tras el 29-N anunciaron, prácticamente al unísono, el acuerdo con el que ponen de manifiesto «la necesidad de expulsar a Sánchez de las instituciones", tal y apuntó Bambú cuando comunicó el pacto con Génova. Lo cierto es que las negociaciones se han extendido durante más de una semana, y a pesar de que desde ambas formaciones se reconocía la dificultad de las mismas, tanto los populares como los voxistas han priorizado neutralizar el movimiento de la izquierda para que la mayoría del Senado no cambie de dueño.
De esta forma, el acuerdo ha sido prácticamente quirúrgico, con el fin de rentabilizar todo lo posible «el voto antiSánchez» al que apelaba Alberto Núñez Feijóo durante la semana pasada. A la renuncia a presentar candidatos en seis provincias, los de Abascal también acordaron la decisión de presentar un único candidato en catorce provincias más: Sevilla, Huelva, Asturias, Badajoz, Álava, Navarra, Cáceres, Huesca, Zaragoza, Alicante, Granada, Cuenca, Pontevedra y Jaén. En las plazas restantes, Vox concurrirá con normalidad.
El contexto en el que se gesta esta alianza responde directamente a la maniobra previa de las fuerzas progresistas. La coalición de la izquierda, abanderada por el PSOE y la mayoría de las formaciones situadas a su izquierda, concentró sus esfuerzos en articular una lista conjunta para la Cámara Alta con un propósito claro: frenar en seco la capacidad de la derecha para articular una hegemonía. Ante esta amenaza de dilución del voto conservador, el bloque de la derecha optó por enterrar temporalmente sus discrepancias estratégicas y plasmar por escrito el marco de coexistencia pacífica que venían ensayando en los últimos meses con el fin de desbancar al actual secretario general del PSOE.
El diseño del pacto explota meticulosamente las particularidades del sistema de elección del Senado, donde las candidaturas son abiertas y los electores eligen personas mediante marcas individuales en lugar de listas cerradas. En la mayoría de las provincias peninsulares se eligen cuatro senadores y cada votante dispone de tres marcas. Al retirar a dos de sus tres candidatos habituales en catorce provincias clave, Vox envía un mensaje implícito y directo a sus votantes para que marquen a su único representante y completen la papeleta escogiendo a los dos aspirantes del PP. De este modo, la derecha aspira a monopolizar la representación de esas circunscripciones capturando el esquema idóneo de tres senadores para el Génova y uno para Vox, dejando sin representación al bloque progresista.
La cesión del PP ha requerido romper resistencias internas en territorios históricamente adversos. La renuncia de la formación que lidera Feijóo a presentar candidatura en Guipúzcoa, Girona y Tarragona supone asumir que en esos feudos las probabilidades eran testimoniales.