Una reconciliación a medio camino
La reconciliación diplomática sellada esta semana entre España y Marruecos, tras 15 meses de crisis, y la vuelta de los embajadores a Madrid y Rabat ha sido acogida con honda satisfacción en el mundo político, económico, diplomático, universitario y mediático del país magrebí. La satisfacción, sin embargo, está acompañada de cierto escepticismo porque «ahora es cuando España y Marruecos van a tener que ponerse a trabajar y afrontar sus diferencias» que, en algunos terrenos, son históricas, como las reivindicaciones marroquíes sobre Ceuta y Melilla o el Sahara. Una vez reanudado el diálogo, «los dos países tienen que aprender la lección de 15 meses de crisis, evitar caer en reacciones emocionales y sacar las relaciones de la cultura de la confrontación para encauzarlas en la cultura del diálogo, porque de lo contrario volveremos a vivir periodos difíciles», sentenció, a su vez, el politólogo Mustafa Sehimi. A su juicio, España y Marruecos deben de retomar el espíritu del Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación, firmado entre los dos reinos en 1991, mientras que Rabat debe de «revisar ciertos aspectos de su política exterior», hoy en día exclusivamente en manos del rey Mohamed VI y «entender que enfrentarse con España es enfrentarse con un socio importante de la Unión Europea y por lo tanto, indirectamente, con los demás países del club». Sehimi recalcó que «España y Marruecos son dos Estados con intereses comunes, pero también con intereses contrapuestos». Es, añade, «partiendo de este diagnóstico como podremos solucionar las diferencias». Entre los contenciosos pendientes, que duda cabe que el de orden político que más altera las relaciones bilaterales es el conflicto del Sáhara occidental, que enfrenta desde hace 27 años a Marruecos con los independentistas del Frente Polisario y su principal valedor político, Argelia. El estatuto político y jurídico de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y otros enclaves españoles situados en el norte de Marruecos son otro punto de fricción entre los dos países. Rabat defiende la marroquinidad de dichos enclaves, a los que califica de «presidios coloniales», aunque las autoridades del reino alauita se declaran dispuestas a negociar con Madrid su futuro y a crear una «célula de reflexión» bilateral sobre el problema, como ya propuso el anterior monarca, Hasán II. La delimitación de las aguas territoriales en el Atlántico entre ambos Estados y las concesiones de prospección petrolífera a la compañía Repsol en las cercanías de la costa canaria es otro motivo de enfrentamiento que las diplomacias de los dos países han empezado a analizar.