Diario de León

El Gobierno se ha visto obligado a cambiar de planes sobre la marcha para explicar la posición de Aznar con Irak

La crisis internacional revienta la estrategia electoral del Partido Popular

La crisis internacional y la inminente ofensiva bélica contra Irak acabaron por reventar la estrategia electoral diseñada por el PP.

Pilar del Castillo fue abucheada el pasado martes en Oviedo

Pilar del Castillo fue abucheada el pasado martes en Oviedo

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Magis Iglesias - MADRID.
León

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Los planes previstos por el aparato electoral del PP, como la campaña «Menos impuestos y más seguridad», apenas tienen incidencia ante la crítica situación creada por la tensión internacional. Ni siquiera la reunión de los tres sucesores, el pasado lunes en un hotel madrileño, ha podido neutralizar el terremoto provocado por el conflicto. El secretario general, Javier Arenas, anunció, hace apenas dos meses, que el presidente del partido tendría muchísima presencia pública antes de las elecciones. El PP quería así evitar el vacío de liderazgo provocado por la ausencia de candidato a la presidencia del Gobierno y, al mismo tiempo, preservar del desgaste al que se será el sucesor. En las vacaciones de Navidad, el propio Aznar puso en marcha una ofensiva política destinada a superar la crisis del Prestige y engrasar el partido ante la contienda electoral. Comparecía todos los fines de semana en mítines y otros actos sectoriales. En cada una de sus intervenciones, el jefe del Ejecutivo fue desgranando un listado de iniciativas que el Consejo de Ministros aprobaba inmediatamente después. Así estaba previsto que se sucedieran los hechos hasta la campaña electoral de los comicios municipales y autonómicos de mayo. Sin embargo, el conflicto de Irak estalló en toda su crudeza y lo hizo en un mitin del presidente del Gobierno. Cuando presentaba la Ley de Garantía de las Pensiones, el pasado 1 de febrero, Aznar anunciaba que «la catarata de iniciativas no ha hecho más que empezar» pero no pudo continuar. En la siguiente convocatoria, un discurso que compartió con la ministra de Sanidad, Ana Palacio, en Arganda, un incidente dio al traste con el mensaje político. Un joven gritó «no a la guerra» y los responsables de seguridad del PP tuvieron que protegerlo de la furia de apasionados militantes que le taparon la boca. Aznar no volvió a repetir la experiencia. Además, la crisis internacional le mantuvo ocupado las 24 horas al día, inmerso en trabajos diplomáticos. Hasta que el viernes se presentó, por sorpresa en el sótano de un hotel madrileño y ante un reducido público de jóvenes de Nuevas Generaciones, explicó las razones morales, políticas y legales que le llevan a apoyar una intervención militar contra Sadam Husein. También tuvo lugar en la planta sótano de un céntrico hotel la conferencia de cargos territoriales del PP en la que participaron los tres vicesecretarios, Mariano Rajoy, Rodrigo Rato y Jaime Mayor. Ni siquiera la concentración de los aspirantes a la sucesión - que pasó sin pena ni gloria - conmovió lo suficiente como para neutralizar el impacto de la crisis en la opinión pública. Para comprobar el vuelco que ha dado la situación en apenas mes y medio basta recordar la polémica que se suscitó sobre su coincidencia o no en la Convención Nacional celebrada el pasado enero. Cuando tenían que estar inmersos de lleno en los preparativos electorales, los órganos de dirección del partido son convocados por Aznar para asegurar la cohesión interna en momentos tan difíciles. Sin que estuviera previsto de antemano, el viernes el presidente del PP convocó al comité ejecutivo para el lunes. Todo indica que quiere poner al día a su partido de la cumbre decisiva que celebrará hoy en Azores.

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