Diario de León

Insistieron en la ilegalidad del ataque contra Irak

Sólo Francia, Rusia, Alemania y Siria acuden a las ruinas de la ONU

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J. Fernández - NUEVA YORK.
León

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Con la única presencia de los ministros de Exteriores de Francia, Alemania, Rusia y Siria -y, por razones de cortesía, de Guinea, que actualmente ostenta la presidencia-, la reunión ministerial que celebró ayer el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas se asemejó más a un cónclave de derrotados. Con la inminente invasión militar de Estados Unidos en Irak y los inspectores de armas ya lejos del país árabe, los discursos en favor del desarme pacífico del régimen de Husein parecían provenir de otra época tan remota como idealista. De nada sirvió que el ministro francés de Exteriores, Dominique de Villepin, y sus homólogos, el alemán Joschka Fischer, el ruso Igor Ivanov y el sirio Farouq al-Shara, volvieran a apelar sobre el trabajo de los inspectores. «En este momento, considerar un programa de trabajo para las inspecciones de armas está totalmente fuera de la realidad de la situación que confrontamos», se limitó a responder el embajador estadounidense ante la ONU, John Negroponte. «Nos reunimos hoy unas horas antes de que comiencen los disparos. Aquellos que creen que el terrorismo será eliminado con la intervención militar en Irak, corren el riesgo de fallar en sus objetivos», dijo Villepin, en referencia a que la guerra en Oriente Próximo podría incrementar el número de adeptos a Al Qaeda. Francia, dijo, tratará ahora de reunir a la comunidad internacional para ofrecer ayuda humanitaria para la población iraquí. Tanto Fischer como Ivanov pronunciaron las airadas denuncias contra la intervención militar. «No existe base legal en la Carta de Naciones Unidas para exigir un cambio de régimen por la fuerza militar», dijo el alemán. Ivanov dijo por su parte que ninguna resolución del Consejo de Seguridad autorizaba el uso de la fuerza contra Irak sin la autorización de Naciones Unidas. Blix, hablando en el vacío Del mismo modo, las palabras de Hans Blix, el jefe de los inspectores de la ONU, ayer surtieron el mismo efecto que las de un profeta predicando en el desierto. «Me siento triste de que tres meses y medio de trabajo en Irak no hayan producido la certeza suficiente sobre la ausencia de armas de destrucción masiva, de que no haya más tiempo para las inspecciones y de que el conflicto armado sea ahora inminente». Pero su tristeza no parecía conmover ya a nadie, y menos aún a EE.UU., Reino Unido y España, que, por su acción unilateral, han declarado de forma tácita la labor del sueco totalmente caduca, al igual que la del Consejo de Seguridad, al menos en los días que se avecinan.

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