EE.UU. quiere cabalgar hacia Bagdad para aniquilar a Sadam Huseín
Mientras la época de Sadam Husein parece acercarse a su fin, o al menos ésa es la pretensión de Washington, el todavía presidente iraquí, que ha dominado durante un cuarto de siglo su país y ejercido una influencia notable sobre la región, no c
Los norteamericanos no han cesado de promover a personalidades de la oposición iraquí tan disímiles como Ahmad Chalabi o el octogenario Adnan Pachachi. El objetivo de Washington es colocar al Irak posterior a Sadam bajo la férula de una administración militar que prepare las condiciones para un poder civil. Lo cierto es que la llamada «transición hacia la democracia» en Irak se presenta sumamente incierta. Recientemente se propuso el establecimiento de una especie de «dirección colegiada» que refleje la diversidad étnica y religiosa del país, en el que conviven chiíes, sunníes y kurdos. El pasado mes de diciembre, la oposición se pronunció en Londres a favor de un periodo de transición, formado por tres miembros y la instauración de un gobierno de coalición. La situación es aún más complicada por el posible papel que jugarán los vecinos de Irak, como Turquía, país al que los kurdos iraquíes acusan de pretender el control de las zonas petroleras de Kirkuk y Mossul, e Irán, cuyos aliados chiíes quieren un lugar de preferencia en la era posterior a Sadam Husein. Cuando el presidente Bush ordene atacar a Irak, sobre Bagdad se desplomará un diluvio de bombas «inteligentes» y misiles y, al mismo tiempo, las tropas de EE.UU. surgirán del desierto para aniquilar al presidente Sadam Husein. La ofensiva que iniciará la nueva Guerra del Golfo tendrá como principal objetivo el círculo íntimo de Sadam Husein, la guardia republicana, las fuerzas de seguridad, los búnkers, las redes de comunicación y las bases de defensa antiaéreas y los aeropuertos. Se tratará de aniquilar toda la resistencia, y matar o aislar a Sadam Husein de sus Fuerzas Armadas, de las armas de destrucción masiva y de la población iraquí. Ello será la clave del colapso que Estados Unidos busca provocar en el régimen de Bagdad antes de que Irak pueda utilizar armas químicas o biológicas, destruir sus campos de petróleo o atacar a su propia población. El Pentágono también tiene como prioridad la protección del petróleo iraquí. Será crucial mantenerlo a salvo para abordar la reconstrucción del país. Para ello, fuerzas estadounidenses ocuparán los campos petroleros de Rumailah, al sur, mientras en el norte asegurarán el cinturón petrolero entre Mosul y Kirkuk. EE.UU supone que la mayoría del potencial iraquí no representa una amenaza significativa, pero hay una fuerza especial de 100.000 guardias republicanos, que se piensa que presentará una dura resistencia». Cuanto más rápido sea el avance sobre Bagdad, mayor será la posibilidad de que el régimen caiga, dicen. Pero los iraquíes pueden complicar el avance haciendo volar presas en el sur, utilizar armas químicas o abandonar refugiados que huyen de los combates en el camino de las fuerzas de EE.UU. Otra amenaza es que Irak ataque a Israel con armas de destrucción masiva. Un avance lento de EE.UU. pondría en peligro toda esa estrategia. «Si no terminamos en dos semanas, será mejor que nos empecemos a preocupar».