«Es una guerra ímbecil, injusta, peligrosa y con consecuencias impredecibles» Jorge Semprún (escritor) Francia reiteró su confrontación con los aliados
La UE no consigue superar sus disputas sobre el conflicto
La ilusión de una Unión Europea capaz de aparcar, aunque siquiera temporalmente, las disputa

El presidente francés, Jacques Chirac, fue quien destapó de nuevo la caja de los truenos: se reafirmó en su línea de confrontación con británicos y norteamericanos en el Consejo de Seguridad, al anunciar que no avalará una nueva resolución que confiera a Washington y Londres el poder de administrar Irak en la post guerra. Tony Blair, sacudido por una rebelión interna de su Partido Laborista, había sido el primero de los líderes europeos en comparecer ante los medios informativos. Con gesto extremadamente grave, más ojeras de lo habitual, marcada palidez y una ausencia significativa de su mordiente sonrisa, el premier británico hilvanó un discurso evasivo, en el que apuntó la necesidad de que la UE desempeñe «un papel estratégico» en la reconstrucción de Irak. Reconoció que Jacques Chirac le había hecho llegar un manuscrito personal de condolencia por el accidente del helicóptero en el que habían perdido la vida varios comandos británicos, junto con otros norteamericanos. Blair no llegó a precisar en su rueda de prensa cómo debería ser, a su juicio, esa acción conjunta en la reconstrucción iraquí, que podría conferir a Francia y a Alemania un potencial político en la post guerra que los EE.UU. sin duda, no están dispuestos a otorgarles. Reconoció, eso sí, que la reconstrucción política de Irak «plantea dificultades» (al Consejo Europeo). El lenguaje relativamente críptico de Blair lo aclaró Jacques Chirac en su conferencia de prensa. Dijo haber tenido noticias de que circula, por Naciones Unidas, un proyecto de resolución del Consejo de Seguridad que conferiría a británicos y estadounidenses la capacidad para administrar Irak en la post guerra, durante un periodo de tiempo no definido. «Francia no aceptará una resolución que legitime la intervención militar y que otorgue a los beligerantes, americanos e ingleses, el poder de administrar Irak. Los Estados Unidos y la Gran Bretaña se han salido de la legalidad internacional» (con esta guerra), dijo el presidente francés, anunciando nuevas confrontaciones en el Consejo de Seguridad por Irak, esta vez por la administración del país una vez concluida la guerra. Aznar, por la tangente El presidente español, José María Aznar, se salió por la tangente cuando fue preguntado, en su rueda de prensa, sobre las aspiraciones españolas de desempeñar un papel político en Irak tras la guerra, así como sobre el papel que, a su entender, la Unión Europea debería desempeñar en la reconstrucción, tanto económica como política, del país. Dijo, después de dedicar una larga e intensa amonestación a Zapatero, aunque sin nombrarlo, que la posición de la UE en la post guerra «aparece implícita» en la Declaración del Consejo Europeo de la víspera. El documento europeo no expresa, ni siquiera implícitamente, el papel que los Quince quieren para la UE en la postguerra, a juicio de este periódico.Ese documento, presentado como un esfuerzo de consenso la víspera, parecía hoy bien poca cosa tras las nuevas advertencias de Chirac. El primer ministro luxemburgués, Jean Claude Juncker, se convirtió, como casi siempre, en una referencia certera de la situación: «Esta reunión -dijo- ha sido un ejercicio aterrador de hipocresía . La atmósfera era glaciar, opresiva». Para Gerhard Schröder, en cambio, la cumbre se había desarrollado «con normalidad, habida cuenta de las condiciones extremas en las que nos encontramos; quizás haya sido excesivamente normal». Silvio Berlusconi, por su parte, reapareció ayer en la polémica por la crisis, de la que se había mantenido ausente estas últimas semanas.