LAS CLAVES DE LA RESISTENCIA IRAQUÍ
Irak ha ofrecido una resistencia bastante superior a la que esperaban las tropas de la coalición gracias a una estrategia desconcertante basada en las operaciones de guerrilla urbana, en los ataques contra los flancos de las tropas anglo-estadounidenses y, sobre todo, en la concesión de amplia autonomía a las cuatro regiones en que ha dividido militarmente el país para evitar los riesgos de una ruptura de las líneas de mando con Bagdad. Sadam está utilizando una estrategia diferente de la que aplicó durante la Guerra del Golfo (1991), lo cual ha desconcertado a sus adversarios. Bagdad ha abandonado la guerra estática, vestigio de las escuelas militares soviéticas, y ha concedido la máxima de autonomía a las unidades territoriales, en un país hipercentralizado, mientras intenta empujar a sus enemigos al combate callejero. Sadam Huseín ha decidido también acudir a los tres elementos que integran la defensa nacional: los militares, los milicianos y las tribus. Para los primeros se trata de vengar la derrota de 1991; para los segundos, de defender al régimen; y para los terceros, del honor de la patria y el orgullo árabe. La falta de un claro apoyo de la comunidad internacional a la operación estadounidense-británica ha permitido que el régimen iraquí la presentara como «una guerra colonial». Irak apuesta por una guerra prolongada. Estados Unidos, en cambio, desea terminar lo antes posible. «Les hemos permitido pasear por el desierto pero nuestras ciudades resistirán», dice el régimen. «Se empantanan, atáquenlos», insta Sadam.