OPINIÓN Enrique Vázquez
Haciendo política
Esta guerra es, por fortuna, política: eso, la preocupación por preservar el porvenir, el post-Sadam explica la autocontención anglo-americana y ciertas iniciativas apenas visibles entre el tráfago de los partes bélicos. Los componentes kurdo y chií de la heterogénea oposición iraquí se ubican en el contexto sucesorio... Ayer sucedieron, en ese orden, dos hechos relevantes: tras unos días de caos informativo sobre si tropas turcas entraban o ya habían entrado en el Kurdistán, el emisario de Bush ante la oposición, Zalmay Jalilzad, que trabaja sobre el terreno con una escolta militar, aclaró las cosas: no hay acuerdo en Ankara y Washington se opone al despliegue turco en suelo kurdo-iraquí. El asunto es grave porque equivale a un desmentido nada menos que al primer ministro turco, Tayyip R. Erdogan, quien, en un mensaje radiotelevisado el domingo, había afirmado que ya había un acuerdo con los norteamericanos y que tropas turcas avanzarían en seguida mientras los americanos podrían utilizar el espacio aéreo turco. No hay tal, dijo en Ankara el virrey Jalilzad y los contactos seguirán «en los próximos días». Peor aún es que, según ciertos medios, el acuerdo, aunque verbal, sí existía... y lo han vetado, en realidad, los kurdos iraquíes, estrechamente asociados ahora a los norteamericanos e imprescindibles auxiliares suyos en el Norte. Una situación realmente impredecible: la resistencia kurda accede al status de socio de Washington con derecho a veto. ¿Y el factor chií? Ayer se supo que los norteamericanos han pedido (otra versión dice que han ordenado) al ayatollah Baqr al-Hakim, líder de la oposición chií exiliada en Teherán, que se abstenga de tomar parte en eventuales operaciones militares propias contra las tropas iraquíes. La aparente contradicción no lo es: se trata de no convertir a ninguna fuerza potencialmente precisa para crear el nuevo régimen en una criatura del Ejército invasor, que pretende ser percibido como liberador. Dos kurdos, uno de la Unión Patriótica y otro del Partido Democrático, y dos chiíes integran el comité que la oposición designó en su famosa reunión de Londres a modo de embrión de un futuro gobierno. Los primeros deberán abstenerse de proclamar su independencia porque Washington -ayer lo repitió el general Pete Osman- ha prometido mantener la integridad territorial de Iraq. Y los segundos, de ser el caballo de Troya del vecino y amistoso Irán islámico-chií. Entre el fragor de los combates se hace política...