OPINIÓN Manuel Leguineche
Buenas noticias para Sadam
Buenas noticias para Sadam Huseín: las tribus, unas 150, y los 2.000 clanes menores en todo el Irak no le han fallado a la hora de la verdad. Al menos en la primera embestida. Se tenían dudas sobre su lealtad pero, al final, ha podido su sentido del honor, su tradición anticolonialista y el amor propio. Fueron leales a los turcos del Imperio otomano y contribuyeron a despedazar a los británicos en más de una batalla, hasta que éstos tomaron Bagdad en 1917. Puede que llegue un momento en el que los jeques tribales sucumban al soborno de la CIA como en Afganistán o corran en auxilio del vencedor. Por ahora resisten al lado del que llaman «nuestro amado presidente». Tampoco son una gran potencia militar pero sirven para actuar como improvisada guerrilla. Podrán contribuir a la batalla calle por calle con sus armas tradicionales o con las que les ha entregado Sadam. Alistarán, aseguran, hasta a los niños y los ancianos. Los pobres, los parados, los enfermos dependen de los auxilios de la tribu. Si traicionan puede caer sobre ellos la cuchilla de un implacable código del honor. Cuando en 1996 los dos yernos de Sadam Huseín, los Majid, volvieron a Bagdad tras huir a Jordania fueron los de la propia tribu los que rodearon su casa y después de un intenso combate los mataron a tiros. Lavaron así el honor de la tribu. El dictador de Tikkrit, de la tribu Al-Bunasir, se había preparado para esto. En el esquema del partido Baaz las tribus representaban un anacronismo, cosa del pasado. Por eso el régimen hizo lo posible por eliminarlos del mapa. Los mató en masa, los encerró en las cárceles, los envió a campos de trabajos forzados. Huseín no consiguió doblegarlos. En esas condiciones, el astuto líder decidió aplicar la vieja fórmula: si no puedes con tu enemigo, únete a él. El sistema tribal, tanto entre los sunistas, la minoría, como entre los chiitas, permea la sociedad iraquí, 23 millones de personas, no solo en las zonas rurales sino en las ciudades. Es la identidad de la tribu la que manda en mayor o menor medida para una tercera parte de la población iraquí. En 1910 un diputado iraquí al Parlamento otomano lo explicó así: «Pertenecer a una tribu es mil veces más seguro que depender del gobierno. Tan pronto como el pa-