«Sadam debe retirarse y abandonar Irak como sacrificio por su país» Saud al-Faisal (ministro de Exteriores de Arabia Saudí) El político norteamericano no pisará en Bruselas las instituciones comunitarias «por razones de seguridad»
Powell relanza los contactos con la díscola UE para discutir la postguerra
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Dos semanas después del inicio de la guerra que ha sumido a la Unión Europea en una de las crisis más graves de su medio siglo de historia, el secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, llegará esta noche a Bruselas para tratar de recomponer las relaciones diplomáticas con los Quince en torno a la reconstrucción de Irak. Powell, que primero hará una escala en Turquía, será recibido con frialdad en la capital comunitaria pues la presidencia griega de la UE ya le ha advertido de que no espere una gran decisión en relación a la postguerra. «No nos oponemos a estas reuniones, pero sería mejor que el señor Powell hubiera tomado estas iniciativas antes del inicio de la guerra», manifestó el portavoz del Gobierno griego, cuyo país detenta la presidencia de turno de la UE. El viaje relámpago del secretario de Estado norteamericano era tan inesperado que incluso ha cogido a algunos por sorpresa, como al ministro de Exteriores de Grecia, Yorgos Papandreu, que admitió haberse enterado de la visita por la prensa. El representante de la Casa Blanca llegó anoche a Turquía con una pretensión debajo del brazo que, según la prensa turca, consiste en arrancar una autorización de Ankara para que las tropas anglo-norteamericanas puedan utilizar algunas bases aéreas de este país en su ofensiva sobre Irak. En Bruselas, ciudad en la que aterrizará esta noche, al jefe de la diplomacia norteamericana le aguardarán otros cometidos bien diferentes. Colin Powell se reunirá mañana con la troika comunitaria, encabezada por Javier Solana, con los ministros de Exteriores de los Quince y los representantes de la OTAN. Pero Powell celebrará todos sus contactos en la sede de la Alianza Atlántica por «razones de seguridad» y no pisará ningún edificio comunitario, salpicados en los últimos días por escándalos de escuchas telefónicas y criticados por ser poco seguros, una decisión que no ha gustado a algunos países y que ha enojado a algunas voces de la Eurocámara. Mientras, el ministro británico de Exteriores, Jack Straw, se preguntó abiertamente ayer en un discurso ante los directores de la prensa regional británica, sobre el efecto para la moral del Reino Unido en las dos guerras mundiales si las atrocidades de aquellas contiendas hubiesen sido emitidas por las televisiones. En un discurso con ánimo de llamar la atención sobre las nuevas circunstancias en las que se disputan las guerras, Straw señaló que existe siempre una tensión entre los gobiernos, que quieren ganar la guerra y proteger a sus tropas, y unos medios que desean informar sobre sus vicisitudes. El ministro británico aseguró que la censura ayudaban a los gobiernos a «suprimir la verdad». «Pero tengo muy claro», añadió Straw, «que, en una democracia, los beneficios de la información desde el frente, hora a hora y día a día, superan en mucho a las desventajas». ¿Los gobiernos de Asquith o Lloyd George hubiesen podido enviar a sus soldados de reemplazo si sabían lo que les esperaba en Flandes? ¿Hubiese sido posible la atroz batalla de Somme televisada por Sky y la BBC? ¿Hubiese sido posible crear el espíritu de Dunquerque en la II Guerra Mundial? Straw planteó los problemas «para las democracias de combatir en guerras contra las tiranías, que niegan la verdad a su población y reprimen salvajemente la disensión». Y puso el ejemplo de Milosevic. Según Straw, las imágenes de la masacre de Racak, en Kosovo, por seguidores de Milosevic, provocaron una exigencia de acción a sus gobiernos entre los telespectadores.