«La guerra produce efectos psicológicos nefastos en la salud mental de la población civil y militar» Informe de los psicólogos
Ansiedad ante la batalla final
Ayer fue buen día para el sargento Milees Johnson. No sólo porque entre las tropas se ha corrido el rumor, uno de tantos, de que a la guerra le pueden quedar tres días, sino porque el mayor ha dado luz verde a su petición de ser trasladado a primera fila de combate. «Eh, tío, voy a estar en Bagdad pegando patadas en la puerta y tomando casa por casa», dice a sus compañeros haciendo el gesto de empuñar el fusil. La gran batalla de Bagdad les tiene a todos emocionados. «Me he entrenado para esto durante siete años y ahora me quedo fuera», cita Johnson. A pesar de sus argumentos, le ha costado mucho convencer a sus superiores de que le trasladaran a un batallón de infantería. En el Ejército las posiciones son rígidas y los mandos poco dados a complacer peticiones personales. Johnson sabe que Bagdad puede ser la parte más arriesgada de esta guerra. A sus veintiséis años, el peligro todavía le dispara la adrenalina, a juzgar por el brillo de sus ojos. Cunde el optimismo Pese a estas duras perspectivas, el optimismo ha cundido entre la tropa, probablemente más que entre los mandos. Los oficiales tratan de moderar los mensajes para evitar el triunfalismo y no se cansan de repetir que la batalla final puede ser larga y seguramente muy cruenta antes de llegar a Bagdad. El convoy en el que viaja esta periodista se ha puesto de nuevo en marcha, en un viaje que como los anteriores se supone tortuoso, y algunos marines cruzan apuestas sobre el momento en el que divisarán el horizonte de Bagdad. La ansiedad de los soldados mezcla los nervios por el riesgo de la batalla con el deseo de que todo acabe cuanto antes. Después de meses de espera y entrenamientos, después de días de avance y emboscadas, los marines embarcados en los camiones se sienten ante un momento decisivo. Bajo el traqueteo de los vehículos, el pensamiento vuelve de modo recurrente a las armas químicas. La pregunta sobre cuándo usarán los iraquíes esas armas adquiere más sentido para los soldados estadounidenses ahora que han traspasado ya la línea roja del primer anillo defensivo de Bagdad y el peligro de que esto suceda no les abandona ni un instante. En el camino han quedado sin respuesta otros interrogantes, como la escasa resistencia de la Guardia Republicana o el abandono de las armas por las milicias de Sadam en la ciudad de Naamaniya. Los marines esperaban un enfrentamiento feroz y, al final, los paramilitares dejaron aquí fusiles, lanzagranadas y morteros sin siquiera montarlos.