Diario de León

OPINIÓN Enrique Vázquez

Aún no es la gran batalla

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León

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Por raro que parezca esto no es la batalla de Bagdad: lo dijo ayer categóricamente una fuente del Pentágono que se apiadó de los periodistas sobre lo que estaba sucediendo en la capital iraquí. Un comunicado corto, conciso y hasta un punto seco dejó claros tres puntos: a) la operación en marcha «es una exhibición de fuerza con la que se envía una potente señal al régimen» b) significa: «Podemos ir y venir, hacer lo que queremos y cuando queremos» c) la expresión batalla de Bagdad, demasiado pre-anunciada, es «una hipérbole que no corresponde a la situación» ¿Una hipérbole? Es casi lo último que esperábamos oír del Pentágono. El punto segundo, el de que la fuerza militar invasora puede hacer lo que le convenga cuando lo desee, es el que da más pistas sobre lo que interesa realmente: qué clase de toma de Bagdad se planea para poner fin a la guerra (una guerra cuya existencia jurídico-formal tampoco está muy clara después de lo que sucedió en la ONU). Aparentemente, la fuerza anglo-americana opta por lo que algunos observadores llaman la vía israelí: ni el asedio clásico, lento y de resultado aleatorio, ni el combate instantáneo en las calles hasta vencer toda resistencia en condiciones adversas. Una tercera vía que consiste en entrar con blindados Abrams-400, inasequibles para la paupérrima defensa iraquí, intimidar, buscar, destruir objetivos precisos de valor militar o institucional y marcharse... Y así hasta la tarde o el día siguiente. Con la ciudad rodeada, una cobertura aérea absoluta y en espera de refuerzos (la IV división de infantería ya llega a Kuwait y estará lista en pocos días más) queda claro que, como sugirieron muchos especialistas, el número de tropas para el cerco y la eventual batalla final es escaso. Tal vez no excede de unos 20.000 soldados con su principal base en el aeropuerto de Bagdad. Inconveniente de esta técnica de acordeón frente a la práctica israelí en los territorios ocupados (idénticas con sus columnas de grandes carros de combate) es que, por una parte, la capacidad de resistencia iraquí es mucho mayor que la de los milicianos palestinos (y hay pérdidas no desdeñables: ayer murieron cuatro marines). Y, por otra, que requiere una información minuciosa, militar y política, de corte policial, represivo, que la coalición no puede improvisar. De hecho, el oficioso consejo israelí sugería que lo ideal sería localizar y matar a Sadam Huseín.

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