OPINIÓN Carlos Carnicero
La batalla se celebra en Madrid
Unas elecciones municipales y autonómicas permiten muchos enjuagues de los resultados en la noche electoral, de forma que al margen del cómputo global de los votos en toda España -que determinará el ganador de las elecciones- cada partido intentará un análisis sesgado del resultado para resaltar aquellas plazas en donde haya triunfado y desechando los aspectos más negativos para su partido. En estas elecciones que casi nadie duda que va a ganar el PSOE de manera global, la alcaldía de Madrid y la presidencia de esta comunidad se han convertido en los símbolos que determinaran el vencedor moral. La apuesta la ha subido José María Aznar, colocando a Alberto Ruiz Gallardón y a su propia esposa, Ana Botella, como una opción personal con derivas para las elecciones generales, de tal forma que un Ruiz Gallardón triunfante en un universo de pérdidas del PP, sería el candidato idóneo o de salvación a la presidencia del Gobierno. Además, esa opción postularía la posibilidad de que Ana Botella fuera alcaldesa de Madrid. Casi nada. ¿Alguien da más? Todas las encuestas determinan un empate técnico en Madrid. El nivel de participación puede ser determinante si se comparan comicios pasados, en donde los partidos de izquierda dispusieron de los votantes más perezosos. El envite de José María Aznar es en realidad un órdago. Si el PP pierde Madrid, sobre todo la alcaldía, la batalla de las elecciones generales se le presentará a este partido como un calvario de dificultades que tendrán como prolegómenos las elecciones catalanas y andaluzas como escenarios nada propicios a las expectativas del PP. Las elecciones municipales y autonómicas se presentan así como un referéndum plebiscitario de la política y la figura de Aznar que le permitirá capitanear la sucesión en su partido o abrirá una seria crisis en función de los resultados que se obtenga en la batalla de Madrid.