León necesita de forma «urgentísima» proyectos piloto para salvar su riqueza
«No hay todavía la concencia suficiente sobre la protección del patrimonio rural y, sin embargo, es el momento idóneo para trasplantar al mundo rural una iniciativa como las áreas de rehabilitación integrada (ARI) que se iniciaron en el mundo

Un albañil embarra una pared de un palomar en Cea
El arquitecto José Luis García Grinda, que hace doce años recorrió la provincia para dar cuenta de la arquitectura popular en sus diversas variantes territoriales y tipológicas, señala que en León se podrían escoger rincones entre diez comarcas básicas y simbólicas para afrontar una operación de estas características. Es esencial -añade- que se actúe desde el conjunto de las administraciones públicas (Junta de Castilla y León, diputaciones, ayuntamientos) y también con la participación de los vecinos. La expectativa del turismo es un acicate para plantear proyectos de tal envergadura. El ejemplo de Taramundi, en Asturias, es uno los más claros: «Cuando se planteó era sobre el que menos posibilidades tenía -se creía más en La Vera y en El Maestrazgo- y fue el que triunfó porque el Ayuntamiento se implicó», recuerda. Los proyectos piloto en León son una tarea «urgentísima», en opinión de este experto. Muchos de los edificios que dibujó «ya no existen» y el ritmo de desaparición de los que sobreviven «es muy elevado». Como dice otro arquitecto, el leonés Javier López Sastre, «la destrucción va mucho más rápida que nosotros con la recuperación». La salvación de la arquitectura popular es uno de los factores que, según García Grinda, puede contribuir al fenómeno de resurgimiento que se busca con el turismo rural. «En España hay territorios que lo han tenido muy claro desde principios del siglo XX, como Cataluña y en muchos lugares de Europa, arquitectura de menos calidad es un símbolo auténtico del país, como ocurre con el cottish irlandés». Pero en Castilla y León se identifica «con un pasado de pobreza y no con valores culturales». De ahí el interés de labor educativa y formativa de la población y en que se hagan rehabilitaciones ejemplares que demuestren a los habitantes locales que «también pueden ser viviendas», que no sólo hay que restaurar para el turismo.