El sospechoso vive en Alcalá de Henares y trabajó en Barajas con la tercera de las víctimas
La Policía duda de la culpabilidad del pretendido «asesino del naipe»
Alfredo Galán, ex militar con problemas mentales, cayó en varias contradicciones

Alfredo Galán, durante su traslado en un coche policial
? El caso del «asesino de la baraja» está lejos de darse por cerrado. La Policía mantiene todas las cautelas ante la autoinculpación de Alfredo Galán Sotillo, el joven de 26 años que este jueves se entregó en la comisaría de Puertollano (Ciudad Real) y aseguró ser el autor de cuatro de los cinco homicidios que sacudieron Madrid y entre el 5 de febrero y el 17 de marzo de este año. Aunque se acumulan los indicios sobre la relación del ex militar con los hechos -vive en el Alcalá de Henares, escenario del primer crimen, y trabajó en Barajas, donde también servía la tercera de las víctimas-, su dudoso estado mental provoca los recelos de los investigadores. Fuentes de la Brigada de Homicidios aseguran que Galán Sotillo presenta un «evidente desequilibrio mental y emocional». Durante los interrogatorios a los que fue sometido se desdijo en algunos momentos de su primera versión; cuando despertó aseguró no saber qué hacía en los calabozos de la comisaría e, incluso, se negó a firmar su primera declaración autoinculpatoria. Estas continuas contradicciones han levantado todo tipo de alertas entre los investigadores de la Guardia Civil y de la Policía Nacional, que confirmaron ayer que Galán Sotillo conoce multitud de datos sobre el caso, aunque todos ellos pudieron ser obtenidos por la prensa. De hecho, durante el registro de su vehículo los funcionarios descubrieron «innumerables» recortes de periódicos sobre los cinco asesinatos. El sospechoso, natural de Ciudad Real, aseguró a los técnicos de la Policía haber arrojado el arma de los crímenes al vertedero de la ciudad manchega. Desde primeras horas de la mañana de este viernes, efectivos del CNP rastrearon sin éxito entre las basuras, a la búsqueda de la supuesta pistola. Según fuentes de la investigación, una búsqueda más exhaustiva del lugar requerirá remover cientos de toneladas de basuras antes de poder extraer una conclusión definitiva. Tras su segunda declaración, durante la tarde, Alfredo Galán fue conducido al domicilio de sus padres en la calle Encomienda número 6, de Puertollano, pero el registro del inmueble resultó infructuoso. A última hora de la tarde, fue conducido al Juzgado de Instrucción número 1 de Puertollano, donde el magistrado de guardia regularizó su situación. Los investigadores, por ejemplo, quieren conducirle hasta el estercolero donde dijo haber arrojado el arma homicida, en la esperanza de que precise el lugar exacto y facilite la labor de las investigadores. Después, el sospechoso será conducido a Madrid, donde el registro de su domicilio en Alcalá de Henares y la rueda de reconocimiento ante algunos testigos de los crímenes del «asesino de la baraja» pueden terminar de despejar las dudas que todavía mantienen los investigadores. Pese a que la pistola no ha aparecido y las contradicciones se multiplican, los investigadores de la Policía Judicial de la Guardia Civil destacaron ayer que las «coincidencias se acumulan» y cada vez son más las «pruebas indiciarias» que vincularían a Alfredo Galán con el caso. El ex cabo primero del Ejército vive en Alcalá de Henares, donde se produjo el primer asesinato. El segundo punto de conexión es el aeropuerto de Barajas: el ex militar trabajó en una empresa de seguridad del aeródromo madrileño. En estas instalaciones también trabajaba la que fue tercera víctima, muerto el mismo día de los hechos del Bar Rojas.